Hay pocas cosas más irritantes que estar en mitad de algo importante y de repente chocarte con un murazo invisible. Estás delante de tu ordenador, con el café aún caliente, escribes una dirección, pulsas “Enter” y… ¡zasca! Te sale ese mensaje en pantalla que parece escrito por un robot con mala leche: Error 403. Así, sin anestesia. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué te han vetado el acceso como si fueras un ladrón digital?
Esto no es un fallo, es un portazo en toda regla
Ese numerito fatídico, el 403, no significa otra cosa que un NO REPASADO. Un portazo que te lanza un servidor porque considera que no tienes la autoridad, el permiso, o tal vez simplemente no le gustas. Vamos, que no entras.
No hablamos de que la página esté caída ni de que tú hayas hecho algo mal con el teclado—esto va de “tú no pasas”. La web está viva, coleando, recibiendo visitas, pero a ti te miran mal y te dejan fuera. Como el portero de una discoteca que te dice que hoy va a ser que no.
Y no es por nada, pero a veces ese vetito viene porque tu IP ha sido bloqueada, porque el servidor considera que estás molestando (aunque tú solo querías mirar). Otras veces es que hay reglas de acceso mal configuradas y te ha tocado de rebote.
Qué puedes hacer para que te vuelvan a dejar entrar
Aunque suene a película, no todo está perdido. Hay formas de darle la vuelta a esta situación y que el portero digital te deje pasar.
- Limpia las galletas de tu navegador (sí, esas cookies que guardan tu historial como si fueras un diario ambulante).
- Prueba entrar en modo incógnito. Así, sin prejuicios ni residuos del pasado.
- Cambia de red. A veces con desconectarte del wifi y tirar de tus datos móviles basta. Como cambiar de disfraz para que no te reconozcan.
- Si hay algo que te registraste mal o incompleto, rellena bien el formulario como corresponde. Muchas veces el error viene de no validar bien una cuenta o dejarla a medias.
Y si no funciona nada de esto, tienes que hablar con los dueños del chiringuito. A veces no te dejan entrar porque ni saben que existes, o porque un cortafuegos se ha puesto farruco sin razón alguna.
La tecnología con cara de perro también se reeduca
Como todo en la vida, hay soluciones. No tan fáciles como darle a un botón y ya, pero tampoco es que necesites ser un hacker. La clave está en entender el motivo —que suele estar en el servidor— y buscarle las vueltas. Porque a ti no te gusta rendirte a la primera, ¿verdad?
No hay excusa. Incluso si la tecnología se pone chula, tú puedes seguir moviéndote. Y si la web que te escupió es importante para ti, pues toca insistir. Que a veces solo falta que noten que te interesa de verdad para que te abran la puerta.
Ah, y ya que hablamos de cosas serias, aquí tienes un vídeo por si quieres ponerte al día sobre cómo registrarte donde toca y evitar estas bofetadas virtuales que no vienen a cuento:
¿Te ha tronado la cabeza? ¿Quieres que te ayudemos a resolver el entuerto con tu página web, tu acceso rebelde o esa conexión que cada vez tiene más manías?
Pues escríbenos. Llámanos. Búscanos. Si tienes un negocio local y la tecnología te está cerrando las puertas, aquí estamos para abrirlas a golpe de teclado. Que no estás solo y que, además, se puede solucionar.
Entra por donde todos salen. Aquí sí te dejamos pasar.
