Cuando la pantalla se planta y no te dice por qué: la odisea digital que nadie quiere vivir

Estás tan tranquilo, dándole al clic con la seguridad de un reloj suizo… y de pronto, ¡zas! Se te planta delante un aviso como un portazo en las narices. Puede tener pinta seria, algo como «Internal Server Error» o suena así como medio inglés medio amenaza. Vamos, que te intenta decir: «Aquí ha pasado algo gordo… pero no te pienso contar qué». Y tú, claro, te quedas con cara de póker mirando la pantalla blanca.

La trastienda invisible del caos total

Lo curioso es que este tipo de marrones suelen esconderse en los sitios web como las arañas buenas: no dan la cara hasta que ya es tarde. Tú solo ves que algo ha petado, pero detrás puede haber un enjambre de errores del servidor, problemas con la configuración, conflictos con algún plugin o vete tú a saber qué tipo de incompatibilidad de software. El código 500 es como el mayordomo que te dice «el señor no está», pero que en realidad está detrás de la puerta mirando por la mirilla.

Y sí, muchas veces podría solucionarse rápido si alguien supiera lo que está tocando. Pero el problema es ese: muchas veces no lo sabes. Ni tú, ni tu cuñado informático, ni el chat del hosting que empieza con «te entendemos perfectamente» y termina con un enlace a un tutorial de hace 6 años que no sirve ya ni para reciclar.

¿La solución divina? Ahí es cuando entra el arte de saber qué puertas tocar y sobre todo… qué cables no tocar.

La parte que no quieres oír (pero necesitas)

Este error no es más grave que otros. Pero es traicionero. Porque no te dice nada. Ni un número de línea, ni el origen del fallo, ni un log cargado de pistas… nada. Es un mensaje fantasma, de esos que parece que están para fastidiarte y nada más. Lo entiendas tú o no, está diseñado para que te tiemble el pulso y te metas en el FTP como si fueras a desactivar una bomba.

Pero si estás en esto (y estás fastidiado), lo mejor que puedes hacer es ir de frente. Y si tu web te da de comer —aunque sea a bocados pequeños— más te vale resolver esto antes de que se larguen los visitantes. Porque sí, la gente espera. Pero poco. Y si ven ese número sospechoso más de una vez, se van rumbo a la competencia mientras tú sigues preguntándote qué demonios es «error 500» en castellano del norte.

En resumen, hazte amigo de tu hosting (a ser posible uno bueno, no el que te regalaron con la cafetera), utiliza plugins de caché decentes, y evita meter mano al código sin guantes. Y si no te ves capaz, llama a un profesional de los que no te habla en klingon.

¿Y si prefieres verlo en vídeo?

Para los que prefieren verlo y entenderlo con calma (y con café en mano), aquí te dejo un vídeo que te lo explica sin darte dolor de cabeza ni hacerte perder el día. Dale al play sin salir de esta página:

¿Y ahora qué? (Llamado a la acción sin rodeos)

Si estás en esta movida y no quieres perder tiempo rompiéndote la cabeza (ni jugándote la web a la ruleta rusa), escríbeme. No una carta. Ni un mensaje por paloma mensajera. Escríbeme ahora y dime qué pasa en tu web. Porque no estás para perder ni visitas, ni ventas, ni neuronas.

Estoy aquí, cerca, literalmente a unos clics si estás en España. Y te aseguro que cortar este tipo de fuegos no es nuevo. Lo que pasa es que muchos lo maquillan con palabras finas y tutoriales eternos. Yo no. Yo lo arreglo. Así que ya sabes, si necesitas más info técnica, aquí tienes una fuente oficial, pero si prefieres salir del atasco, contacta ahora conmigo.

¿La web se planta con su códigocito 500? Que no te tiemble el pulso. Que tiemble ella, porque tú vas a tener a alguien a tu lado que sabe descifrarla.

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