¿Alguna vez has sentido que subes una foto, escribes un texto molón, le das a publicar y luego… el silencio más absoluto? Ni likes, ni comentarios, ni tu prima la de Cuenca. Tranquilo, no estás solo. La mayoría se siente igual. Te voy a contar por qué. Y sobre todo cómo salir de ahí, sin tener que ser el nuevo Dalí de las redes.
Un algoritmo con menos corazón que tu jefe
Empecemos por lo básico: Instagram no tiene piedad. Su algoritmo está pensado para que la gente se quede dentro, no para que tú vendas tus cosas. Ergo, si no juegas bien sus reglas, te entierra.
Pero calma. Hay táctica. Una de ellas es aprender cuándo publicar, cómo usar los reels que enganchan, cómo contar tu historia sin parecer una teletienda y, claro, meter algo de chispa (que para vender sin alma ya están las marcas blancas).
¿Sabías que los vídeos tipo reel tienen un alcance hasta 10 veces mayor que las fotos? Pues ahora lo sabes. Aprovéchalo. Porque si no lo haces tú, tu competencia está pillando todos los focos.
¿Te sigue alguien que ni recuerda por qué lo hizo?
Mira, tampoco me flipes con el número de seguidores. Hay gente que tiene 10.000 y no vende nada. ¿Qué prefieres, un estadio lleno de sordos o una sala pequeña con gente que escucha y compra? Exacto.
La diferencia la marcan los contenidos con intención. No basta con poner tu producto y un emoji. Hay que saber tocar las teclas emocionales de tu público. Y eso implica usar el lenguaje que ellos usan, mostrarte humano (sí, contar que a veces dudas también vende), y dejar bien claro qué resuelves con tu oferta. Porque si no comunicas eso, estás tirando horas y datos a la basura.
Deja de parecer simpático y empieza a ser útil
Vale, publicar frases motivadoras puede darte likes. Pero likes no pagan facturas. Sé claro: muestra cómo puedes mejorarle la vida a los que te siguen y, atención con esto, haz que esas publicaciones tengan un objetivo real. Que vayan a una venta, a un contacto, a un lead. Lo demás es ego disfrazado de estrategia.
¿Y las historias? Oro puro si sabes usarlas bien. Para mostrar procesos, detrás de cámaras, ideas, feedback. La confianza vende mucho más que la estética. La gente compra a los que sienten cercanos, no a los que les dan envidia.
Por cierto, si quieres cotillear cómo algunos emprendedores han multiplicado su alcance sin tener que bailar en pijama ni vender su alma a los hashtags, cuida lo que publicas y cómo lo haces. Te dejo una fuente oficial para ponerte al día sin rodeos.
Llama a tu primo, sí, el del taller, y cuéntale esto
Esto no va solo de postureo. Si tienes un negocio local, puedes petarlo en Instagram sin hacer el mono. Solo tienes que saber a quién hablas, qué quiere escuchar y cómo puedes ser útil sin sonar a robot vendemotos.
No necesitas miles de euros en campañas. A veces, solo basta un buen contenido, bien colocado, con una llamada a la acción decente. ¿Quieres que lo veamos juntos? Escríbeme, especialmente si estás en la zona (sí, tú, que estás por aquí cerca) y lo miramos sin compromiso, pero con intención de que veas resultados.
¿Vas a seguir subiendo fotos para ti mismo o vas a empezar a hacer que tu cuenta curre por ti?
Contacta y empezamos cuando tú digas. Que ya está bien de jugar a las redes. Ahora toca ganar con ellas.
