Vamos a dejar algo claro desde el principio: si estás en redes sociales para pasar el rato, adelante, disfruta. Pero si lo tuyo es vender, captar clientes, construir una marca o dejar huella, entonces tienes que dejar de hacer el panoli con publicaciones que no dicen nada y empezar a ponerte serio. Porque tu escaparate digital solo tiene una oportunidad, y suele durar menos que un bostezo mal dado.
Haz que tus publicaciones no manchen, que arañen
Estamos tan hartos de ver lo mismo que la mayoría de los perfiles podrían ser intercambiables y ni nos enteraríamos. Si quieres destacar en redes sociales, hay una cosa que tienes que grabarte a fuego: la atención es la reina, y su trono es frágil. Cuando publicas algo, la gente decide en menos de tres segundos si sigue o pasa. De ti depende que se queden o que huyan como si oliera a gato mojado.
Y no, no se trata solo de poner una foto bonita o un texto más o menos simpático. Esto va de contar algo que remueva, de mostrar un gramo de verdad entre tanto humo digital. Porque los que marcan la diferencia no son los que tienen la cámara más cara o el filtro de moda. Son los que consiguen que alguien, en medio de su scroll infinito, diga «espera, esto sí».
No haces publicaciones, haces impactos
¿Crees que por tener un montón de seguidores en redes sociales ya tienes ganado el partido? Pues no. De qué te sirve una legión de seguidores si ninguno se acuerda de ti cuando apaga el móvil. Tu objetivo no es solo aparecer en el feed, es colonizar neuronas. Así que cada vez que compartas algo, piensa: «¿esto deja huella o solo ocupa espacio?».
Y sobre todo, cuenta cosas que no se puedan buscar en Google. Di lo que piensas. Di lo que otros no dicen porque les da miedo perder seguidores. Di lo que a ti te habría gustado leer cuando empezaste. Y si lo puedes contar en menos palabras, mejor. Aquí no gana quien más escribe, sino quien más golpea en menos líneas.
Lo que no se ve, no existe (al menos, online)
Haz publicaciones con intención. Con estrategia. No subas algo porque toca, súbelo porque tiene que decir algo. O mejor aún: porque tiene que vender algo. No te cortes. Que nadie te diga que no se puede vender en redes sociales. Se puede, y se debe. Solo que hay que hacerlo bien. Hay que saber qué decir, cómo decirlo y cuándo decirlo.
Y si además consigues que la gente interactúe, que comente, que te comparta, entonces ya estás jugando en otra liga. Y para eso, amigo, necesitas contenido con colmillo, de ese que uno lee y se lo manda a su cuñado diciendo: «Mira esto, que parece que lo han escrito por ti».
Por cierto, si quieres aprender a sacar partido a este fregao digital, puedes echarle un vistazo a la página oficial de la plataforma, donde explican bastantes cosas útiles (aunque yo prefiero enterarme a hostias).
Si tienes un negocio local y todavía no estás dejando poso en redes, estás a tres clics de desaparecer para siempre entre tanto postureo sin alma. Pero si haces las cosas bien, si hablas claro, si te muestras sin miedo, entonces tienes mucho que ganar.
¿Te gustaría mejorar tu comunicación en redes? ¿Quieres dejar de ser invisible entre tanto ruido digital? Ponte en contacto conmigo y empecemos a dar guerra juntos. Porque lo que no se comunica, no existe. Y lo que se comunica mal, se olvida.
