Hoy todo el mundo grita en las redes. Es como entrar en un bar donde todos quieren contar su vida, venderte algo o soltar una frase de autoayuda. Y aún así, hay quienes consiguen que te pares, mires y les escuches. ¿Cómo lo hacen? Pues mira, no es con filtros ni con hacks milagrosos. Es con contenido auténtico y una estrategia bien pensada. Si no lo estás consiguiendo es porque algo estás haciendo como el resto: igual que todos.
No se trata solo de postureo, se trata de tu mensaje
Parece que si no enseñas abdominales o una vida perfecta estás fuera del juego. Pero ahí está el error. El problema no es la red social, el problema es el enfoque. Creas contenido que no conecta, que no interesa o que repite lo que ya hemos escuchado mil veces. La mayoría están tan centrados en conseguir seguidores que se olvidan de lo esencial: hacer que alguien se quede.
¿Tienes algo que decir? Dilo como si se lo contaras a un amigo en el bar, no como si estuvieras en una reunión de expertos. Porque cuando sientes que alguien te habla claro y sin rodeos, te quedas a escuchar. Si no entiendes esto, tu cuenta es solo una más en el cementerio digital.
El alcance orgánico no está muerto, tú lo estás matando
No, las redes no están rotas. Lo que pasa es que algunos contenidos huelen a cartón mojado. Publican por publicar, sin alma ni chispa. Luego se quejan del algoritmo. Pero si tu post parece un folleto de Carrefour, no esperes que nadie lo comparta.
¿Quieres que tu marca personal tenga tirón? Entonces cambia la forma de hablar, de contar, de mostrar. Cuenta historias, mete el dedo en la llaga, haz que la gente piense, ría o se cabree. Pero no seas neutro. Lo neutro no conecta. Lo neutro no se comparte. Mira este vídeo y presta atención:
¿Ves la diferencia cuando algo se hace con intención y personalidad? Ahí está la clave.
Tu perfil es tu escaparate: o llama la atención o pasamos de largo
Imagina una tienda con un escaparate feo, luces fundidas y productos polvorientos. Entras solo si te has perdido. Pues eso es lo que pasa con muchos perfiles. No impactan, no generan curiosidad, no provocan nada.
Quien entra en tu perfil decide en segundos si se queda. ¿Tu foto da confianza? ¿Tu bio dice algo de verdad o es la copia exacta del gurú de turno? ¿Tus publicaciones parecen hechas por ti o por un robot con complejo de community manager?
Si necesitas inspiración sobre cómo crear un perfil que diga algo de verdad, hay recursos gratuitos que te pueden ayudar. Pero recuerda: al final se trata de contar quién eres tú, no de copiar fórmulas ajenas.
Haz que merezca la pena seguirte
No publiques solo para cumplir. Publica para dejar algo. Una idea nueva, una risa, una opinión valiente. O todo eso junto. Si no das motivos reales para que la gente te siga, no te quejes si tu cuenta no crece.
Y ojo, crecer por crecer tampoco sirve. Importa más tener una comunidad fiel que 10.000 seguidores zombies. El número está muy bien para presumir, pero la conexión es lo que vende y lo que convierte. Por eso, busca siempre dar valor antes que volumen.
Por cierto, si quieres mejorar tu presencia sin que parezca que estás vendiendo humo, echa un vistazo a esta guía oficial sobre cómo usar Instagram para negocios. Aporta cosas sensatas y prácticas, que vienen bien entre tanto gurú gritón.
¿Y ahora qué?
Si estás en una ciudad donde todos parecen estar ya en redes, eso no significa que tú no tengas hueco. La diferencia entre desaparecer y destacar está en cómo cuentas tu historia. Así de simple y así de complicado.
Si estás buscando ayuda con tu estrategia digital y quieres dejar de ser invisible entre tanto perfil fotocopiado, hablemos. Estoy muy cerca de ti, literal. Y si apuestas por ti, podemos hacer algo grande con lo que tienes, sin postureos ni humo.
Escríbeme y nos tomamos un café (o una birra) y hablamos de cómo puede sonar tu marca en este ruido que llaman redes.
Porque destacar no es tener más, es comunicar mejor.
