Cómo dejar de ser invisible en redes y hacer que te compren sin parecer un vendedor pesado

¿Cuántas veces has sentido que gritas en una habitación llena de gente y nadie se gira a mirarte? Eso pasa mucho en redes sociales. Publicas, curras el contenido, te lo trabajas más que un camarero en verano… y nada. El like de tu primo, dos comentarios de bots y poco más. Pero no te preocupes, que aquí vamos a hablar claro.

No es magia, es estrategia emocional (y sentido común)

Lo primero que tienes que entender es que nadie compra a la primera. Ni aunque seas la reencarnación de Steve Jobs. A la gente hay que moverle algo por dentro, aunque sea un poquito. Y para eso no vale poner una foto preciosa y ya. Hay que contar, conectar, y sobre todo, dejar de sonar como una fotocopiadora de eslóganes.

Las redes están a reventar de gente diciendo lo mismo que tú. Así que si no quieres ser uno más del montón, empieza por mostrar algo que no puedan copiarte: tu voz. Eso que dices cuando te sale la rabia o el entusiasmo de verdad. ¿Te imaginas vender lo que vendes como si se lo contaras a tu mejor amigo un domingo a las 10 de la mañana después de una juerga? Pues eso. Ahí está el oro.

Contenido que no da alergia

A ver, no vamos a decirte que te pongas a bailar en stories si no te va. Eso lo dejaremos para los que disfrutan haciendo el mono (con todo el respeto). Pero sí tienes que entender que esto va de entretener, de educar un poco y sobre todo de provocar. Provocarle al que te sigue esa sensación de «este tío o esta tía me entiende».

Puedes compartir historias de clientes, de cagadas que cometiste y que aprendiste, un texto donde rajes (con gracia y sin pasarte, que luego vienen los lloriqueos). También puedes hacer cosas como esta que te dejo aquí:

¿Ves? Directo, simple y engancha. No te hace falta una productora de Hollywood. Te hace falta decir algo con intención.

Y si tienes dudas de qué publicar, tira de las preguntas que te hace la gente. Las mismas que te repiten por mensaje cada semana. Mientras tú piensas «madre mía, otra vez lo mismo», yo te digo: «ahí tienes contenido infinito y relevante».

Hazlo fácil, hazlo bien y que no parezca un funeral

Otro error gordo: complicar la vida a quien te sigue. No pongas veinte párrafos para decir que vendes una sesión de fotos. Di «oye, si quieres que tus fotos vendan más que palabras, pincha aquí». Y ya está.

Coloca tu enlace en la bio limpio, actualizado y llamativo. Usa herramientas como esta de Instagram si no sabes por dónde empezar. Y por favor, no pongas enlaces eternos que parecen una tabla periódica.

Piensa en tu perfil como en la portada de un libro. Si no apetece abrirlo, mal vamos. Usa foto profesional, escribe una biografía que dé ganas de seguirte y publica cosas de verdad. Sin florituras para gustar a todos. Mejor gustar muchísimo a unos pocos que ser irrelevante para todos.

Si vendieras croquetas, te las compraban todas (y lo sabes)

Cuando me dicen: «es que mi negocio no funciona en redes», yo suelo responder: «¿si vendieras croquetas también no te funcionaría?». Claro que te funcionaría. Porque las croquetas molan, pero sobre todo porque hay un deseo detrás. Lo que tienes que hacer es conectar lo que tú vendes con el deseo de la gente. Y para eso necesitas conocerlos como si fuesen tus colegas de toda la vida.

Lee sus comentarios, responde a sus dudas, métete en lo que publican. ¿Te suena pesado? Sí, un poco. Pero por eso a ti te va a ir bien y a ellos no. Porque tú sí vas a hacer el trabajo sucio.

Además, herramientas hay a patadas. Desde el Centro de negocios de Instagram hasta el más básico explorador de hashtags. Lo importante es que los uses con cabeza. No pongas 30 etiquetas olvidadas, usa pocas pero que tengan sentido y atraigan al tipo de gente que quiere lo que tú ofreces.

¿Y ahora qué, crack?

Ahora que ya sabes que esto no va de rutinas de publicación ni de algoritmos mágicos, sino de comunicar con huevos (o con ovarios), te toca plantarte delante de tu perfil y preguntarte: «¿Esto le interesa a alguien que no soy yo?».

Si la respuesta es sí, estás en el camino. Si no, vuelve al principio y dile algo al mundo que necesite oír (aunque le pique).

Y si después de todo te atragantas con esto de las redes, te cuesta hacerte ver o necesitas que alguien te dé un empujón honesto (de esos que duelen pero sirven), mándame un mensaje. Trabajo con negocios reales, de los de toda la vida o los que surgen en pueblos que no salen en el mapa. Si quieres dejar de pasar desapercibido y conquistar clientes que te respeten, hablamos.

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