Cada vez que te dicen que no vale la pena, hay alguien vendiendo mientras tú dudas

¿Sabes lo que realmente pasa con las redes sociales? Que la mayoría solo las ve como pasatiempos, como rincones digitales donde el tiempo se escurre mientras se desliza el dedo. Pero lo que no te cuentan —y aquí viene el golpe de realidad— es que hay gente ahí fuera haciendo dinero muy serio mientras tú miras gatitos.

Y no, no hace falta tener cien mil seguidores, ni salir bailando en calzoncillos, ni regalar sorteos cada semana. Lo que hace falta es tener claro tu mensaje, un enfoque afilado como cuchilla y cero ganas de agradar a todo el mundo. Porque al final, lo que vende en el mundo digital es lo auténtico. Y sí, eso incluye los morros sin filtro y los errores de ortografía (a veces).

El escaparate no es gratis, pero sí que se amortiza

Dicho de otro modo: si no estás usando Instagram como herramienta de venta, básicamente te estás dejando pasta encima de la mesa. Así de simple.

La red social de la camarita es el escaparate, la valla publicitaria, la invitación al showroom y la tarjeta de presentación, todo empaquetado en una aplicación que la lleva todo el mundo en el bolsillo. Y tú ahí, preguntándote si subir otra foto del café o no molestar mucho.

Lo que tienes que hacer es salir a escena, mostrar lo que sabes, lo que haces, cómo lo haces y por qué a quien te mire le interesa que lo hagas tú y no otro. Y si alguien se molesta o le parece mucho, pues que se vaya a ver vídeos de gatitos, que ahí nunca falta contenido.

Y ya que estamos hablando de mostrar, te dejo aquí un vídeo que lo deja todo más claro que un anuncio vintage de detergente. No hace falta que salgas de aquí para verlo, sé que andamos todos con prisas.

Deja de perseguir seguidores y empieza a conectar con clientes

Hay una trampa gorda en esto de las redes. Nos venden la moto de los likes, los seguidores, las vistas, los «me encanta». Pero resulta que con todo eso no se come. Lo que sí alimenta (y muy bien, por cierto) es un mensaje que resuene con quien puede pagarte.

No es lo mismo tener 500 seguidores de los que 300 se interesan por lo que ofreces, que 7.000 que no te comprarían ni un libro de autoayuda a un euro. Lo importante es que atraigas a quien necesita lo que haces. Y si encima lo sabe y lo valora, gloria bendita.

¿Eres diseñador, fotógrafo, coach, formador, abogado, nutricionista, tatuador o lo que sea? Da igual. Hay sitio para todos si sabes contar bien tu historia. Y por si te estás preguntando cómo empezar, pásate por la documentación oficial de Instagram, que aunque suene a rollo, algo útil tiene.

El algoritmo cambia, tu mensaje no

Muchos viven en modo «actualización constante»: que si el algoritmo ahora premia los Reels, que si ahora las historias, que si los carruseles funcionan menos, que si el alcance orgánico se hunde…

Y mientras corren detrás del nuevo truco mágico, hay quienes venden como pan caliente con publicaciones que parecen escritas en servilletas, porque transmiten verdad, gancho, punch. El algoritmo cambia, sí. Lo que no cambia son las personas que buscan soluciones, entretenimiento o algo que les resuene.

Así que, si estás pensando en usar esta plataforma para mostrar lo que haces, deja de obsesionarte con las métricas de vanidad y empieza a escribir como si tu próximo cliente te estuviera leyendo (porque probablemente así será).

¿Otro recurso útil? Aquí tienes más info desde la base: https://about.instagram.com. Dale un repaso con calma.

¿Trabajas en España y aún no vendes por aquí?

No hace falta tener agencia, ni equipo, ni gurús. Hace falta claridad, estrategia y mucha menos vergüenza. Si tienes un negocio local —una tienda, una clínica, un estudio, un proyecto que merezca la pena— y aún no estás aprovechando lo que Instagram te puede dar, ahora es el momento.

Yo te echo una mano. Sin complicaciones y explicándote todo para que tú decidas. Contacta hoy conmigo y pongamos patas arriba tu escaparate digital. Porque no venden los que más gritan, sino los que mejor conectan. Y tú, si estás leyendo esto, ya llevas ventaja.

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