Cada día puede ser distinto si decides mojarte de verdad

Hay una frase que se repite como un mantra entre los que aún creen que la rutina es solo una condena: “otro día igual que ayer”. Y no les culpo. Te levantas, miras el reloj, café, curro, vuelta a casa, cena y a dormir. Que alguien me diga dónde encaja ahí la sorpresa, la chispa, lo jodidamente imprevisible. Porque esto de vivir, al final, va de eso: de permitirte romper el guion.

Y justo ahí es donde plataformas como TikTok están haciendo algo más que ruido. Están ofreciendo algo que, aunque parezca superficial, tiene un punto de autenticidad que escasea: pequeñas dosis diarias de inspiración, buenrollismo y creatividad que te rompen el esquema de pensamiento monótono. No, no vengo a venderte una app. Vengo a invitarte a mirar distinto.

Un agujero negro de creatividad positiva

La mayoría entra por curiosidad y muchos se quedan porque les atrapa. Entras a echar un vistazo y cuando te quieres dar cuenta llevas media hora riéndote de un tipo que cocina con su abuela o viendo a un chaval bailar en bata en mitad del salón como si se jugase la final del campeonato mundial de felicidad.

Pero más allá del show está el fondo. Porque hay forma de aprovechar ese tiempo para nutrirte. No hablo de postureo. Hablo de que si te acercas sin prejuicios, puedes encontrar ideas, emociones, hasta respuestas. Gente compartiendo su talento, su día a día o su forma de ver el mundo puede hacerte click en la cabeza. Y eso, amigo, no tiene precio.

Además, si algo tienen estas plataformas bien planteadas, es eso que rara vez admitimos que necesitamos: una vía de escape sin planearlo. Y cuando un vídeo de 30 segundos consigue arrancarte una carcajada justo cuando creías que era otro día de mierda, entonces entiendes lo que te digo.

Lo que pasa cuando ves a otros disfrutar sin pedir permiso

Te obliga a mirarte un poco en ese reflejo. Ver a alguien haciendo lo que le da la gana –bailar, cantar, arreglar bicis, cocinar paella a las tres de la mañana–, te planta delante una pregunta incómoda: ¿cuándo fue la última vez que tú hiciste algo sin buscar aprobación?

No hay algoritmo que ponga filtros a la autenticidad si decides mostrarte tal cual. Y eso se percibe a kilómetros. Hay algo precioso en ver a personas lanzarse sin paracaídas, en directo, en tu móvil, sin red de seguridad. Te conecta. Te recuerda que tú también puedes. Que el mundo digital no solo es postureo y filtros. También puede ser tu espejo si sabes dónde mirar.

¿Y si dejas de esperar a que cambie el día y lo cambias tú?

Esto no va de cambiarte a TikTok o a otra red social por moda. Va de experimentar. De probar otras formas de ver lo mismo con ojos distintos. Quizá la clave no es instalar una app, sino dejar de vivir con el piloto automático puesto. Porque si cada día se te atraganta igual, tal vez no es el día el que necesita un cambio…

Necesitas tú.

No tienes que tener un canal. No tienes que hacer vídeos. Solo tienes que permitirte mirar las cosas que te despiertan algo. Que te sacuden. Y si descubres que alguien que sube un vídeo desde su pueblo te hace reír más que todo Netflix junto, pues adelante. Hazte ese favor.

Porque a veces cambiar tu día es tan fácil como quedarte 30 segundos viendo cómo otro se atreve donde tú aún no te lanzas. Y eso también te puede hacer el clic que necesitas.

¿Y tú? ¿Te vas a quedar mirando o vas a mojarte?

No te vengo con fórmulas mágicas. Ni con recetas para hacerte viral. Esto va de otra cosa. De que observes, que sientas si algo se te mueve por dentro. Y si en algún momento te has preguntado por qué tu día es idéntico al de ayer, empieza por probar a mirar la vida sin juicio.

¿Quieres darle una vuelta a tu rutina? ¿Ver otras formas de contar, de vivir, de compartir sin postureo? No hace falta que lo digas en alto. Prueba. Curiosea. Y si algún día te da por mostrar lo que haces, sabes dónde empezar.

Y si estás por aquí cerca, en nuestra tierra, te invito a unirte a la tribu de los que ya han dicho suficiente al día gris. Escríbeme. Igual podemos hacer algo juntos. Porque a veces la diferencia no está en las apps, sino en quienes las usan sin miedo.

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