La miga está en los detalles, y si no lo ves, es que estás todavía mirando desde el sitio equivocado. Hoy en día no basta con hacer pan, hay que enseñarlo, trocearlo, ponerlo bonito, y contarlo como Dios manda. Y sí, eso pasa por saber moverte bien por las redes.
Donde no te cuelas, no vendes
Imagínate por un momento que tienes un escaparate por el que pasan millones de personas al día. Literalmente millones. ¿Qué haces? ¿Lo llenas de telarañas o pones en ese cristal lo mejor de lo mejor que ofreces? Pues eso es lo que está pasando y muchos aún van por ahí con la persiana medio bajada.
Contar historias con gracia y sin parecer un vendedor de enciclopedias es el camino del éxito. Porque aquí, lo que no tiene chispa, ni se comparte, ni se ve, ni se recuerda.
Si te dedicas a cualquier tipo de negocio local y no estás publicando contenido potente, que enganche y que tenga algo de carne además de hueso, estás regalando el terreno. Y en esto, como en los bares los viernes por la noche, el que no entra pronto se queda sin mesa.
Un par de pistas que no vienen en los manuales
La gente no quiere ver tus logos. Quiere saber por qué haces lo que haces, cómo lo haces, quién está al otro lado, y si les puedes hacer reír un poco o emocionarse aunque sea un día de lluvia.
Los contenidos que muestran el detrás de cámara de tu negocio, tus cagadas, tus aciertos, tus rarezas, esos son los que convierten mejor. Porque humanizan. Y la gente hace clic en humanos, no en marcas bonitas.
Por ejemplo, en este vídeo que os dejo justo aquí abajo, se ve justo ese toque distinto, ese impulso atrevido que muchas veces hace falta para destacar:
Mirad cómo juega la imagen, la música, los cortes… eso es lo que deja huella.
Vale más algo imperfecto pero real que cien filtros bonitos
Uno de los errores gordos de quienes se empiezan a mover en redes es querer parecer lo que no son. Cuidado con dejarte llevar por las estadísticas de influencers que venden más postureo que producto, porque eso es como el vino de cartón: igual te vale para una sangría, pero luego la resaca no te la quita ni el aire fresco.
Si eres peluquero, muestra cómo haces los cortes, los errores que has convertido en estilo, el ritual del sábado por la mañana con tus clientes de toda la vida. Si tienes una panadería, enseña cómo cruje el pan al salir del horno. Eso vende mil veces más que un logo con glitter.
Y si no sabes por dónde tirar, échale un ojo a la propia ayuda de la plataforma, que tiene más consejos de los que imaginas para empezar con buen pie.
Repito lo de siempre: no es solo estar, es cómo estás. Y más vale tener pocos seguidores fieles que una legión de fantasmas digitales.
Esto va de entretener y emocionar. De dar sin miedo. De contar tu verdad sin disfrazarla de perfección. La magia está justo en lo que aún no te atreves a enseñar.
Y ahora, ¿qué?
Si tienes un negocio pequeño, una idea rompedora o simplemente ganas de liarla un poco para bien, dale caña a lo que te contamos hoy. Empieza por grabar tus momentos reales, esos que no sabes si enseñar porque te parecen poca cosa. Esos son oro puro.
¿Y si quieres que te echemos una mano? Si estás en la zona, lánzate a escribirnos —o mejor aún, pasa a vernos— y te orientamos con lo que mejor funcione para tu caso específico. Que de pantallas vive el mundo, pero el café compartido aún es insustituible.
Nosotros te ayudamos a poner tu historia en el sitio donde debe estar: delante de los ojos correctos.
Y recuerda: quien no comunica, no existe. Y quien comunica sin alma, tampoco.
