Lo que ocurre cuando no tienes miedo al ridículo ni a mostrar quién eres

Si alguna vez te has pillado viendo vídeos durante más tiempo del que tenías previsto, con una sonrisa idiota en la cara y un café frío al lado, es que ya has caído. Y no, no vas a salir tan fácil. La cantidad abrumadora de contenido visual, rápido, emocional y hasta adictivo que ves en **cierta aplicación de vídeos cortos** (porque no vamos a decir su nombre, tú ya sabes cuál es) está diseñada para eso: para absorberte.

Pero… ¿qué pasa cuando dejas de mirar y empiezas a grabar? Ah, amigo, ahí empieza el juego de verdad.

Del sofá al escenario con un solo gesto

Ya no es cosa de chavales bailando con filtros absurdos. No. Ahora lo que hay es marca personal, estilo, carisma, vocecitas interiores que se hacen exteriores y una audiencia que ni en tus mejores sueños de fama.

Lo interesante es que no necesitas luces de neón, ni cámaras de mil pavos, ni siquiera una voz de locutor nocturno. Lo único que necesitas es una razón. Y si no la tienes, también vale la tontería del día. Porque eso también conecta.

La gente no quiere perfectos. Quiere humanos. Reales. Reactivos. Que se equivoquen. Que digan “mierda, esto me ha salido regular” y aún así lo suban. Eso es autenticidad, la moneda más valiosa de internet.

Ahí arriba lo tienes. Eso es jugar sin red. Mira el vídeo. Es lo que pasa cuando uno decide dejar de esperar la ocasión «perfecta». Spoiler: no existe.

Historias de 15 segundos que cuentan más que muchas películas

Los vídeos no hablan, gritan. En apenas medio minuto puedes seguir una receta, descubrir una tienda local, engancharte a la historia de un desconocido que tiene más alma que los anuncios de perfumes. La magia del contenido relámpago es esa: o te quedas o pasas. Si te quedas, estás dentro. Si pasas, no vuelves.

Y claro, esto se convierte en una pasarela. No de modelos. De gente normal haciendo cosas normales que, con una pequeña chispa, se convierten en pequeñas explosiones virales. Negocios que se llenan porque alguien comentó «Mirad esta panadería con bollos como camiones». Profesionales que reciben llamadas porque explicaron en un vídeo cómo hacen lo suyo con humor, verdad y sin tanto postureo.

¿Te suena a humo? Pues échale un ojo tú mismo. No me lo creas. Compruébalo.

Hazte un hueco (o mejor, un escándalo)

¿Tienes algo que decir? Pues hazlo visible. Con gracia, con dolor, con rima si hace falta. Pero hazlo. Porque mientras tú dudas, otros ya están recogiendo aplausos virtuales. Y no porque sean mejores que tú. Es porque ya le han dado al botón de grabar.

Haz vídeos. Da igual si pareces idiota. En Internet, eso puede ser oro. Lo que no puedes ser es invisible. La visibilidad se construye con ritmo, errores, filtros absurdos y algún gato si te dejas. Pero sobre todo, con verdad, repetición y cero ganas de agradar a todos.

Y si emprendes, vendes, o simplemente haces algo que otros deberían conocer, mejor que empieces a dejar de esconder el alma entre emails fríos y webs grises. La gente quiere verte. Y quiere que le hagas el día más llevadero. Como sea. Como tú. En tus zapatos.

¿Estás en mi ciudad? Pues mejor aún

Porque entonces no hay que imaginar. Vienes, nos vemos, lo montamos. Si tú eres de los que tienen un negocio local, servicio personal u oficio artesanal, estás desaprovechando el megáfono más potente que ha existido si todavía no estás grabando vídeos como estos. Y si no sabes hacerlo, escríbeme. Monto una historia contigo que ni Netflix. Lo importante es que sepas que tú puedes ser ese vídeo que da vueltas por todas las pantallas de tu barrio… y del mundo.

Así que ya sabes. No hace falta que te aprendas el algoritmo. Solo tienes que aprender a decir: «Eh, esta es mi voz. Y si no te gusta, pasa al siguiente». Pero no te calles.

Grábalo todo. Súbelo. Haz que alguien diga hoy: joder, qué grande este tío.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio