Mira, no vamos a andarnos con rodeos. Cuando la persona con la que compartes tu cama ya no quiere compartir proyectos, ni tardes de sofá, ni siquiera el café mientras resuelven qué hacer de cena, eso ya no es un bache. Es un terremoto. Pero no te preocupes, que de eso también se sale… y se puede salir andando, no arrastrándote. Vamos al lío.
La bofetada sin manos: Cuando lo sabes pero no lo quieres ver
Te despiertas a su lado, o ni eso, porque ya ni comparten cama. Te pregunta qué tal el día, pero sin mirarte. Cada conversación es como colarse en una fiesta a la que no te han invitado.
Hay señales que no hace falta estudiar en Harvard para entenderlas. Ya no hay entusiasmo, ni complicidad, ni deseo. Lo que hay es silencio. O peor, conversaciones cronometradas que parecen sacadas de un manual de protocolo suizo.
Y tú lo notas. Claro que sí. Esa angustia en el pecho cada vez que ves que no te responde con una sonrisa, ese nudo raro que llevas al estómago cuando ves que se ríe más por WhatsApp con su prima que contigo en la mesa del salón. Pero sigues ahí, como si la historia pudiera reescribirse sola. Y eso no pasa, chaval. Eso no pasa.
Te lo dicen con silencios, con excusas, con frialdad
«No eres tú, soy yo» fue hace tiempo… Ahora es más bien: «No somos nada y lo sabes, pero yo no lo digo, tú no lo preguntas, y aquí seguimos con esta pantomima».
Hay relaciones que se terminan mucho antes de que alguien tenga valor de decir ‘me voy’. Y ese es el infierno. No es el grito, ni la ruptura oficial, ni siquiera la mudanza. Es esa etapa donde ya no hay amor, pero tampoco verdad, ni honestidad, ni agallas.
Te dejo por aquí el vídeo de Silvia Congost hablando con toda la claridad del mundo sobre estas relaciones que ya se han ido, pero tú no te has enterado (o no has querido enterarte):
Como explica Silvia (psicóloga experta en autoestima y dependencia emocional, puedes ver más sobre su trabajo aquí), seguir en una relación donde ya no te quieren es, simplemente, una forma lenta de tortura emocional.
¿Y ahora qué, valiente?
Ahora es el momento. El momento de dejar de buscar respuestas en las indirectas, en los cambios de tono, en los likes de Instagram. Ahora toca mirar de frente la realidad, aunque escueza, aunque te deje sin respiración.
Porque lo que verdad duele no es que se acabe una relación, sino seguir enganchado a algo que ya no está. Es sostener una cuerda que ya no sostiene nada. Aguantas, aprietas, te haces daño, y para qué.
No te diré que salgas de fiesta y conozcas gente nueva. No soy tu cuñado el pesao. Solo te diré que empezar a soltar te da paz. Y esa paz sí que engancha. Es cuestión de empezar. Y para eso, a veces, hace falta profesionalidad. Esa que no encuentras en vídeos de frases motivadoras, sino en gente que sabe de esto, como Silvia Congost y su enfoque sobre dejar de sobrevivir a las relaciones muertas.
Por cierto, si quieres leer más sobre cómo gestionar rupturas conscientes, te recomiendo este contenido de su web.
No eres menos por que te dejen, pero sí puedes ser más si te levantas
Pon la mano en el pecho y tómate el pulso. ¿Sigues ahí? Bien. Porque la vida sigue aunque tu pareja ya no quiera seguir contigo. Y tú puedes seguir de forma vibrante, sin hacer el papel de extra en tu propia película.
La realidad es que si alguien no quiere estar contigo, no te merece. Y ahí no hay drama, hay liberación. Aunque duela. Porque como bien se aprende con el tiempo (y con un par de hostias bien dadas por la vida), amar no significa aguantar lo que sea, sino tener el coraje de decir: hasta aquí.
Y si necesitas ayuda para eso, si crees que solo no puedes, es el momento de hacerlo con alguien que sepa guiarte. Aunque sea solo para recuperar el rumbo, aunque sea para aprender a no volver a pisar el mismo charco.
Si estás en esta situación y quieres trabajar tu autoestima, acompañamiento para cerrar un ciclo sentimental o simplemente que alguien te escuche con coherencia y respeto, hazlo desde tu ciudad, desde aquí cerca. No tienes que irte lejos para reconstruirte. Empieza por ti. Y empieza ahora.
