Vamos a hablar de eso que haces todos los días, incluso sin darte cuenta. Lo abres mientras estás en el baño, cuando esperas que te sirvan el café, o mientras finges que escuchas a tu cuñado en la sobremesa. Lo sabes. Lo uso yo, lo usas tú y lo usan todos: la dichosa red social de las fotos que parecen de revista y las vidas que no lo son tanto.
No es magia, son trucos con hambre de atención
Que sí, que no necesitas una cámara de mil pavos ni vivir en una mansión con vistas al mar para petarlo. Pero lo que no puedes hacer es subir una foto borrosa de tu desayuno y querer que te caigan seguidores como churros. Lo que atrapa en esta jungla de contenido es la historia, el cómo lo cuentas, la trastienda que muestras mientras parece que todo es perfecto.
¿Te has fijado en cómo se visten los perfiles que triunfan? Todo tiene un sentido, un color, un tono. Hasta el perro parece que posa. Eso no es casualidad. Es estrategia con pinta de naturalidad. Puro veneno para la atención. Y funciona. Porque aunque digas que pasas de eso, luego no te despegas del dedo haciendo scroll.
La trampa de los likes que no pagan facturas
Vale, tener miles de seguidores mola, pero eso no significa que estés haciendo las cosas bien. Un número alto no te da de comer. Lo que sí te da es gente que confía en ti, gente que comenta, que guarda, que comparte… y que compra si un día les vendes algo. Ahí está el truco.
Claro, todo esto suena muy bonito, pero si no sabes por dónde empezar es como querer montar un puzzle con las piezas del parchís. A lo loco. Por eso hay que sentarse, pensar bien qué quieres mostrar, y sobre todo cómo lo vas a contar sin parecer un panfleto publicitario.
Y si me dices que se te da fatal todo esto, suscríbete a alguien que sí lo haga bien. Aprende. No vale verlo todo desde la barrera. Hay que entrar al ruedo. Te dejo por aquí el sitio oficial de Instagram para que te pongas las pilas, que tampoco cuesta tanto echar un vistazo a lo que ellos mismos recomiendan.
Cambia el enfoque, no la cara
No necesitas ser otra persona ni fingir que tu vida es un verano eterno. Lo que sí puedes hacer es contar tu película como nadie. Habla con tu tono, sé tú, pero un tú que escribe con intención. Olvídate de los hashtags genéricos y empieza a usar los que realmente buscan tus seguidores potenciales.
¿Tienes una tienda de barrio, haces tartas caseras o cortas el pelo como los ángeles? Pues habla de eso, enseña cómo lo haces, por qué, para quién. Nada de postureo vacío. La autenticidad bien contada engancha más que cualquier filtro bonito. Y si no, dime quién fue el último influencer que te hizo reír de verdad.
Por cierto, si realmente quieres que te funcione esto, hay que mirar las herramientas que ofrece Instagram para negocios. Que no son sólo para las megaempresas. Hay oro ahí, pero sólo lo saca el que se ensucia las manos.
La red social está para que cuentes, inspires y conectes. Lo de solo mirar ya no sirve. Toca jugar.
¿Cuentas con nosotros?
Y ahora que estás aquí, deja de darle vueltas y empieza a usar esto de verdad. Si vives cerca y tienes un negocio o proyecto personal que necesita un empujón en redes, contáctanos. Te ayudamos a sacarle partido sin necesidad de vender tu alma ni fingir que eres alguien que no eres.
Pon tu historia en nuestro escaparate. Llámanos y conviértete en esa cuenta que todo el mundo quiere seguir, pero que sólo tú puedes contar. Desde aquí, desde tu barrio, sin decorados de mentira. ¿Empezamos?
