Cuando todo se tuerce y la pantalla te grita que no entiende ni papa

Has llegado hasta aquí porque algo ha fallado estrepitosamente. Has pinchado en una web, una app o tecleado una dirección como un valiente y ¡BOOM! Te ha salido un mensaje más seco que un bocadillo de serrín: Error 400. El navegador se queda con cara de póker y tú con una mezcla de rabia, impotencia y ganas de tirarte de los pelos. Eso sí, por mucho que te enfades, esto tiene una solución. Por eso estás aquí. Y bienvenido seas.

¿Qué demonios significa este dichoso error?

El Error 400 no es más que una forma elegante que tiene tu navegador de decirte que no ha entendido ni jota de lo que le has pedido. Algo así como si fueras al bar y dijeras «ponme una cerveza muy despacio y por partes». El camarero se te queda mirando raro, ¿verdad? Pues lo mismo le pasa al servidor con tu petición.

Este error es uno de los llamados errores del cliente, lo cual es una forma fina de decir que probablemente la has liado tú. O eso, o la web a la que intentas acceder está programada como para pasar una inspección del siglo XIX.

Las causas pueden ser muchas: una URL mal escrita (sí, esas letras que parece que las ha escrito un gato sobre el teclado), cookies corruptas, archivos de caché pasados de rosca o incluso sesiones que han caducado más rápido que una tapa en agosto.

Soluciones al estilo de andar por casa

Ahora que ya sabes que el error 400 no es un gremlin metido en tu ordenador, vamos a ponernos manos a la obra. Aquí te dejo unos cuantos trucos que puedes probar antes de lanzar el portátil por la ventana:

  • Recarga la página. Sí, suena a consejo de cuñado, pero más veces de las que piensas, esto soluciona el entuerto.
  • Comprueba la URL. Asegúrate de que no has tecleado una dirección como si estuvieras bebiendo con el teclado.
  • Borra las cookies y la caché. Esto es como hacer limpieza en el trastero: cuesta, pero luego lo agradeces.
  • Prueba con otro navegador o dispositivo. A veces el problema está en el que mira el problema, no en lo que mira.
  • Desactiva las extensiones del navegador. Algunas hacen más daño que un suegro con tiempo libre.

Si después de esto sigues viendo el mensaje de error, empieza a sospechar que el problema está al otro lado del cable, es decir, en el servidor de la página que intentas visitar. Y eso, amigo mío, ya no depende de ti.

¿Qué aprendemos de todo esto?

Primero, que la tecnología es maravillosa hasta que se vuelve contra ti. Segundo, que muchas veces los errores son pequeñas tonterías que se solucionan si sabes por dónde sopla el viento. Y tercero, que no necesitas ser ingeniero de la NASA para entender qué narices significa un código 400.

Por cierto, si esto te suena a idioma marciano y no quieres volver a pasar por este mal trago, que no te dé apuro. Hay profesionales que se dedican a evitarte estos dolores de cabeza.

Y si además gestionas una web para tu negocio, tu tienda o tu consulta, más vale que tengas a alguien que sepa cómo mantenerla como los chorros del oro… antes de que tus clientes vean ese mensajito de error y huyan como gatos en una ducha.

Ah, y si quieres saber más de este tipo de códigos o incluso necesitas una mano para que tu web funcione como un reloj suizo (de los buenos), échale un vistazo a este recurso oficial muy completito que te lo explica sin lanzarte tecnicismos como si fueras informático. Merece la pena.

¿Te has quedado con dudas o simplemente no quieres perder ni un minuto más con errores que te roban el tiempo y los nervios? Llámanos o acércate a nuestra oficina. Nos encargamos de que tu web funcione como debe, sin sustos, sin mensajes raros, sin dramas. Porque tú deberías centrarte en lo que sabes hacer. Lo demás, déjalo en nuestras manos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio