Ese sitio en el que todos sonríen pero nadie te mira a los ojos

Mucha pose, poca chicha. Si llevas un rato en esto de las redes sociales, sabrás perfectamente de lo que hablo. Navegas unos minutos y ya te han vendido una vida perfecta, un café artesanal al estilo nórdico, y cómo no, un cuerpo que parece esculpido por el mismísimo Miguel Ángel. Pero tú ahí, desde tu sofá, con tu taza con leche del Mercadona, preguntándote si de verdad estás haciendo algo mal.

Pues no, no estás haciendo nada mal. Lo que pasa es que te venden humo vestido de filtro. Y claro, tú luego subes una foto, le metes cuatro emojis, etiquetas a tu primo y no llegan ni los «me gusta» del grupo de WhatsApp familiar. Bienvenido a la realidad paralela donde todos parecen triunfar, pero muy pocos lo hacen de verdad.

Ese escaparate de apariencias que huele a mentira

Instagram, ese lugar donde las personas presumen de lo que no tienen y exageran lo que sí. ¿No te has fijado que ahora todo el mundo emprende, medita al amanecer y vive del marketing digital mientras toma té matcha en Bali? Claro. Porque lo que se lleva es aparentar. Y eso vende, pero también cansa.

¿Has intentado usarlo para tu negocio? Bienvenido al juego del algoritmo. Porque no basta con subir una foto chula o un vídeo gracioso. Tienes que entender qué es lo que realmente quiere tu audiencia (esa que aún no te sigue), cuándo conectan, qué hashtags no están ya muertos… y todo eso mientras eres tú. O te inventas un personaje. Tú decides.

Hazte un favor: antes de lanzarte a subir contenido como un loco, date una vuelta por el centro de ayuda de Instagram. Vas a descubrir que hay más opciones de las que imaginas para no parecer un pollo sin cabeza en la red.

Reels, el nuevo “te veo si me entretienes”

No hay más ley: si no enganchas en los primeros 3 segundos, te escupen. La gente no tiene tiempo, ni ganas, ni atención. Por eso, si no tienes algo que contar, no gastes datos. Ah, y si no sales tú en el vídeo, mejor que lo que muestres sea muy interesante. Ya sabes, perretes, recetas, transformaciones… lo de siempre.

¿Quieres inspiración? Échale un ojo a este Reel directo y sin postureo que deja las cosas claras con un toque de humor, esas cosas que se agradecen últimamente:

Ese clip, que apenas dura medio minuto, consigue más interacción que todo lo que subiste el mes pasado. Algo estarán haciendo bien, ¿no?

Usa esto para algo más que medir egos

No todo es malo. Si sabes cómo usarlo, Instagram puede ser un escaparate fabuloso para dar visibilidad real a tu trabajo, atraer clientes y vender sin sonar a vendedor de feria. Pero claro, eso no se improvisa. Se aprende, se prueba, se mide, se mejora… y se vuelve a intentar. Y lo más importante: hazlo como tú eres, no como crees que «funciona».

¿Tienes una tienda en tu barrio? ¿Vendes arreglos florales, fotografía, ropa con mensaje o pasteles que quitan el sentido? Entonces ya estás tardando en pasarte por Instagram para empresas y montar algo decente que no parezca la cuenta olvidada de tu primo de 2007. Es hoy o nunca.

No necesitas tener miles de seguidores. Necesitas conectar con los pocos que sí te necesitan. Y eso no se consigue con filtros, sino con sinceridad. Si quieres que tenga efecto, deja de gritar y empieza a hablar bajito, pero honesto. Así, sin más.

Instagram no es el enemigo, lo es la falta de estrategia y el exceso de ego. Así que ponte las pilas si pretendías usar esto como herramienta profesional, porque si no lo haces tú, lo hará tu competencia.

¿Y ahora qué?

Si tienes un negocio local, estás en el momento perfecto para dar un buen golpe sobre la mesa. Ya no vale aquello de “no estoy en redes”, porque cuando alguien busca lo que tú vendes, lo busca en el móvil, no en las Páginas Amarillas.

¿Y si te echamos una mano? Sabemos cómo crear mensajes que no suenan a anuncio de teletienda. Porque si algo tenemos claro es que las redes sociales no venden por sí solas, pero hechas con cabeza… pueden obrar milagros. O casi.

Contacta con nosotros y demos forma a tu presencia online desde lo real, desde lo que de verdad cuentas. Y si ya estás en Instagram, pero no funciona, igual es porque no estás diciendo nada. O peor, lo estás diciendo sin alma.

Llámame, escríbeme o susúrramelo, pero no sigas esperando a que la magia suceda por sí sola. Porque en este juego, o conectas, o desapareces.

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