¿Te has parado a pensar alguna vez cuánta gente mira algo en redes sociales y se queda embobada? No hablamos de gente ociosa. Hablamos de tus posibles clientes, de gente normal, de tu cuñado, de esa amiga emprendedora que ahora se graba vídeos hablando a la cámara como si llevara haciéndolo toda la vida. Y tú ahí, detrás de la pantalla, pensando que eso no va contigo. Ay, ilus@…
Más metros cuadrados tiene tu móvil que tu escaparate
Esto no va solo de postureo. Esto va de visibilidad. De que te vean. De que sepan que existes. Porque puedes ser el mejor en lo tuyo, tener el producto más top, pero si no lo enseñas, es como si no existiese. Y ahí, amigo mío, Instagram es un misil. Un escaparate que nunca duerme. Un sitio donde mostrar lo que haces sin disfrazarte de influencer ridículo.
No hace falta salir bailando, ni fingir una vida que no tienes. Basta con ser útil, interesante o, al menos, humano. Mostrar tu proceso, tus ideas, tus errores (sí, eso también conecta), tu tienda, tus servicios… porque a la gente le gusta saber de personas, no de logos fríos.
El algoritmo no te odia, tú es que no juegas
Hay quien dice que el algoritmo es injusto. Que solo favorece a famosos o a quien paga. ¿Sabes qué? También lo decía la gente que no quería aprender a usar Internet hace veinte años y ahora no levanta cabeza. El algoritmo está ahí para mover contenido que enganche, que guste. ¿Te molesta? Piénsalo al revés: es una herramienta brutal a tu disposición, gratuita, que te permite ser visible incluso empezando desde cero.
Ahora bien, hay que currárselo. No vale con subir la misma foto de siempre o esas promociones acartonadas que no venden ni en rebajas. Mira lo que hace la gente que funciona. No copies, pero inspírate. Hay mil formas de mostrar valor sin resultar pesado. Lo visual manda, pero las palabras también cuentan. Y si conectas, lo tienes medio hecho.
No es magia: es estrategia (y un poco de cara)
Detrás de cada vídeo que parece improvisado, hay alguien que ha pensado qué decir, cómo contarlo, cuánta luz entra por la ventana y qué título va a enganchar como un anzuelo. Todo comunica. Hasta ese fondo lleno de trastos que tú tienes sin darte cuenta. Pero no te agobies: no necesitas un estudio de grabación. Ni un guion de cine.
Solo necesitas tener claro qué quieres contar y por qué le interesa a los demás. Grábate. Enséñalo. Comparte eso que haces cada día, eso que para ti es rutina pero para otros puede ser contenido valioso. La voz de tu negocio es tuya, pero si no la usas, otros gritarán por ti.
Ah, y si crees que es tarde porque «hay mucha gente en Instagram ya», piénsalo de otro modo: nunca ha habido más ojos mirando. Lo único que falta es que tú aparezcas.
Aquí puedes revisar recursos oficiales si quieres saber cómo optimizar tus publicaciones o configurar tu perfil como toca. No hace falta ser un friki, solo tomárselo en serio.
¿Lo vas a seguir dejando para mañana?
Tienes un negocio, un proyecto, unas manos que saben hacer cosas. ¿Vas a esperar a que alguien lo descubra por casualidad? Tantas horas de curro, tanta energía invertida, ¿de verdad te compensa mantenerlo camuflado?
Si tienes un local, vendes un servicio o simplemente tú eres tu propia marca, empieza hoy. No mañana. HOY. Enciende la cámara. Muestra lo que haces. Cuéntalo como solo tú sabes. Tira de verdad, conecta, muestra tu cara. Porque Instagram no va de filtros, va de personas. Y tú, aunque no lo creas aún, puedes ser una de esas que atrapan.
¿Estás en la zona? Perfecto. Si eres de por aquí y quieres que te eche un cable para arrancar, poner orden en tu perfil o crear contenidos que no den pereza ajena, escríbeme. Trabajo con autónomos, pymes, gente con cosas que decir. Y lo mejor: vivo cerca y sé lo que necesitas.
Hazte ver, pero hazlo bien. Porque lo tuyo, si lo cuentas, vale más.
