Cuando la tecnología se pone chula y no deja pasar ni una

Si alguna vez has sentido que una web te cierra la puerta en las narices sin dar muchas explicaciones… tranquilo, que no estás solo. Hoy vamos a hablar de ese momento glorioso en el que te enfrentas a un mensaje que parece escrito en sánscrito: código 400. Y sí, te dan ganas de aporrear el teclado. Pero antes de que empieces a pensar que es culpa tuya, déjame contarte una cosa: a veces, el problema no eres tú, es la máquina (o lo que hay detrás de ella).

El dichoso código que aparece sin avisar

Un código 400 es como ese amigo que se ofende por cualquier cosa: basta con que un dato esté mal escrito o una petición no tenga la estructura correcta para que te suelte un «Bad Request» a la cara. Lo dicho, muy fino todo. Este tipo de fallo suele aparecer cuando el servidor dice «mira, no entiendo nada de lo que me estás pidiendo». Y claro, tú te quedas con cara de tonto mirando la pantalla.

Las causas pueden ser muchas: una URL mal escrita, caracteres extraños por ahí colados, errores en las cookies del navegador o incluso cabeceras HTTP que no cuadran. Vamos, que con lo pejiguera que se pone, casi parece que el servidor te estuviera enseñando modales. Y como sabemos que no estás para lecciones, vamos al grano.

Cómo salir del lío sin volverse loco

Lo primero que tienes que hacer es respirar. Sí, en serio. Después, intenta alguno de estos pasos que a más de uno le han salvado del berrinche:

  • Recarga la página. A veces el problema es temporal, y con darle a F5 te lo quitas de encima.
  • Borra la caché y las cookies. Igual tu navegador está viviendo en el pasado y necesita una limpieza a fondo.
  • Revisa la URL. Si te has liado escribiendo, el servidor no va a hacer el esfuerzo de corregirte.
  • Prueba con otro navegador. Puede que tu Chrome esté en huelga y Firefox esté más de buenas.

Y si nada de esto funciona, puede que el problema esté del otro lado. En ese caso lo mejor es contactar con quien lleva la web y que revisen su tinglado. Porque a veces, entre tantos plugins, scripts mal configurados y servidores caprichosos, ni el más avispado da con lo que falla.

Y como esto es más común de lo que parece…

Ya sabes que con internet no se juega. Y aunque no lo creas, este tipo de errores puedes encontrártelos en cualquier sitio: al enviar un formulario, intentar iniciar sesión o simplemente acceder a un enlace. Así que lo mejor es tener bajo control tu web y revisar cómo se comporta en distintos navegadores, dispositivos y, sobre todo, tener un diseño y código limpio. ¿Qué te parece?

Y mira, ya que estamos… échale un ojo a este vídeo. Que sí, que es de Facebook, pero que está integrado aquí mismo para no volverte loco buscando por ahí. Dale al play, que te lo mereces:

¿Te está pasando a menudo en tu web?

Entonces igual es hora de dejarse de soluciones caseras y poner el asunto en manos de quien sabe de esto. Que si tienes una página web, un comercio online o simplemente te estás peleando con formularios que no responden, el error 400 puede ser una piedra en el zapato para tus clientes. Y eso ya no es una tontería.

Nosotros nos encargamos de que tu web funcione sin regañarte cada vez que escribes mal una coma. De verdad. Si estás por aquí cerca y necesitas que le metamos mano a ese servidor gruñón como si fuera nuestra propia web, echa un vistazo a esta guía técnica sobre los errores 400 que puede darte una idea todavía más concreta del asunto. Aunque ya sabes que si te agobia, mejor contáctanos directo y lo arreglamos por ti.

Hazlo fácil: llama, escribe, acércate o mándanos señales de humo. Pero no dejes que tu web le saque la tarjeta roja a tus clientes. A veces, lo único que necesitas es alguien que no se asuste cuando salta el código 400.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio