Te has dado cuenta de que hay gente que habla y habla, y no les escucha ni su abuela. Y luego está ese tipo que abre la boca en un vídeo de 20 segundos y se lleva media sala de calle. Lo peta. Con un móvil. En calzoncillos. En una esquina cualquiera.
¿Qué tienen ellos y tú no? ¿Algún tipo de superpoder? No. Tienen algo que tú también puedes tener: claridad, intención y una manera de decir las cosas que engancha. Y, ojo, no es talento innato, es práctica con mala leche creativa y una cámara apuntando bien.
Hay más de un millón de formas para que no te comas un colín
Primero lo evidente: todo el mundo dice lo mismo. Todo el rato. Todos los días. Y nadie se atreve a decir algo distinto por si alguien se ofende, por si me quedo sin seguidores, o peor, sin like (drama).
La única manera de destacar en ese erial audiovisual es decir las cosas de verdad. Como si te la jugases. Porque te la estás jugando. Cada palabra que dices, cada segundo que grabas, es una oportunidad para que te miren raro o para que te hagan caso. Haz que merezca la pena.
¿Quieres aprender a hablar de lo de siempre sin que parezca que lo sacaste de un manual soso de marketing? Mira esto:
Eso que acabas de ver (si has tenido la decencia de darle al play) es un ejemplo perfecto de cómo con una idea clara y cero rodeos puedes impactar más que una tonelada de frases hechas. Y no hace falta que seas guapo, ni que tengas un dron, ni que edites como Spielberg. Solo hay que tener algo que decir. Y una pizca de hambre, claro.
No necesitas más filtros, necesitas más cojones
La mayoría está más pendiente de qué color se ve mejor en el feed que de si tiene algo que contar. Y por eso no les sigue ni su primo. El formato no importa si tu mensaje es una fotocopia sin alma.
Haz la prueba: ponte a grabar solo cuando tengas algo que te ponga de verdad. Algo que si no dijeses, te daría rabia. Que si no lo soltaras, sabrías que estás dejando pasar una oportunidad de decir algo valioso. Aunque sea para ti. Especialmente si es para ti. Porque si no te interesa a ti, menos aún al que hay al otro lado.
Y si estás en el punto de querer darle caña de verdad al contenido, empieza por empaparte del tipo de contenido que impacta, que genera conversación, que no te deja indiferente. Ahí está la clave, colega.
No vendas. Provoca.
Si estás pensando en «hacer vídeos para vender», vas jodido. Los que venden sin parecer que lo hacen son los que lo clavan. Porque provocan. Hacen reír, picar, incomodar, mover alguna tecla emocional. Y después, como quien no quiere la cosa, pam: te lo han vendido.
Así que deja de pensar tanto en el dichoso algoritmo y empieza a pensar en las personas. En cómo hacerles fruncir el ceño, arquear una ceja o darle al bendito botón de compartir. Habla como si estuvieras en la barra de un bar, en mitad de una historia que atrapa. Y no te cortes un pelo.
¿Y si no sabes por dónde empezar? Empieza por mirar qué funciona. Por ejemplo este formato corto pero contundente que se está llevando todas las miradas. Porque si no estás ahí, ya estás tarde.
La diferencia entre «otro vídeo más» y «joder, tengo que seguir viendo esto» está en una sola decisión: ¿vas a seguir haciendo lo mismo de siempre o vas a decir algo distinto, aunque tiemble el pulso?
¿Quieres que tu negocio empiece a sonar distinto?
No te voy a soltar un curso, ni a darte un manual, que ya tienes demasiados. Pero si quieres que lo que haces tenga eco más allá de tu cuenta con 300 seguidores y tu madre dándote likes, habla conmigo. Estoy en el barrio y sé cómo darle sentido a lo que haces. Para que te escuchen, te vean y no quieran olvidarte.
Escríbeme y lo hablamos.
