La red social en la que todo el mundo presume de vida perfecta (aunque por dentro estén fritos)

Si pensabas que con una foto bien iluminada y un café con dibujito en la espuma ibas a petarlo, es que todavía no has entendido de qué va el juego del postureo. Sí, esa red social donde parece que todo el mundo vive en Bali, curra desde la playa y se alimenta a base de bowls de açai. Y tú, mientras tanto, en tu curro de nueve a seis, mirando con hastío el bocata de jamón. Tranquilo, que estás en el sitio correcto para darle la vuelta a la tortilla.

Deja de subir fotos bonitas y empieza a conectar con personas

Porque sí, las fotos de paisajes encajan bonito en el feed, pero ¿quién eres tú detrás de ese atardecer con filtro Valencia? La gente no se engancha a tu cuenta por el brillo, sino por lo que cuentas. Eso que no aparece en la primera historia, ni en la segunda. Eso que hace que alguien te escriba diciendo: «yo también lo he sentido».

No es solo tener muchos seguidores, es que te lean, te escuchen y, lo que es más difícil hoy día, que te crean. Y si encima consigues que te compren, ya ni te cuento. Para eso hace falta algo más que saber poner hashtags bonitos. Hace falta presencia. Y alma. De eso no va sobrada mucha gente, pero tú, si sigues leyendo, puede que empieces a tenerla también en redes.

El algoritmo no odia a nadie, solo odia el aburrimiento

Hay quien se ha pasado más tiempo estudiando cómo funciona el algoritmo que en la universidad. Y todavía no ha pillado la idea. El algoritmo no persigue a nadie. El algoritmo (como tu cuñado) sólo quiere entretenimiento. Si aburres, te esconde. Si haces que la peña se quede, te sube como la espuma.

Así que déjate de subir selfies sin alma y vídeos con frases huecas. Cuenta algo. Lo que nadie se atreve. Lo que estás harto de callarte. Lo que sabe tu madre pero no quieren que digas. Y si lo cuentas bien, con gracia y con verdad, te aseguro que da igual el algoritmo. Te van a buscar.

Los vídeos que no dan vergüenza ajena (y que funcionan)

Ponle voz, ponle movimiento y deja ya de usar audios virales que no dicen nada de ti. Mira este reel que lo está petando, que no es el típico de «dame like y te sigo de vuelta», sino algo que engancha desde el segundo uno. Observa cómo lleva el ritmo, cómo juega con la emoción, cómo da en el centro de la diana sin pedir permiso.

Después vuelve aquí y dime si no te dan ganas de crear algo así. Que cuente. Que conecte. Que vendas o no vendas después, lo que no vas a ser ya es invisible. Y eso, amigo mío, vale más que mil “me gusta” comprados.

No busques crecer, busca influir (y lo demás vendrá)

Si tu objetivo no es mover a la gente a hacer algo, estás en el sitio equivocado. No necesitas tener una comunidad gigante, sino tener una comunidad que mueva el culo por ti. Da igual que vendas clases de yoga o tartas sin gluten: la gente compra con el estómago, pero decide con el corazón.

Así que sal ahí fuera, cuéntate como eres, muestra lo que haces y hazlo como no lo hace nadie. Porque ese es tu único superpoder: ser tú, sin filtro. Y hacerlo en ese sitio donde parece que todo el mundo actúa como si lo tuviera todo bajo control.

¿Trabajas tu marca personal y quieres llegar a más clientes?

Si estás hasta el gorro de no saber si lo haces bien, si estás harto de subir contenido sin retorno o si simplemente quieres dejar de sentir que eres uno más, ponte en contacto. Trabajo con profesionales que quieren dejar de jugar al escondite y salir ahí fuera con su mensaje bien puesto (como el traje bueno de las bodas).

Y si lo tuyo es más presencial y estás en España, dime de dónde eres, que seguro encontramos una manera de liar el sarao bien cerca. Porque una imagen vale más que mil palabras, pero una conexión real en esta red puede darte mucho más de lo que imaginas.

Escríbeme. Y vamos a sacar tu historia del cajón.

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