Hay pocos lugares más ruidosos que Instagram. Gente bailando, tips de un minuto, frases motivacionales clónicas sacadas de libros que nadie ha leído. Todo muy bonito, muy viral… pero ni una puñetera venta.
Y tú ahí, con tu producto decente, tu servicio que podría arreglar la vida de más de uno, y viendo cómo otro que no sabe ni escribir su nombre lo peta porque se ha puesto unos leggings fosforitos. No pasa nada, todos hemos estado ahí. Respira. Aquí vamos a hablar claro, como a ti te gustaría que te hablaran.
¿De qué sirve tener seguidores si no hay nadie pagando?
Esto es como invitar a cien personas a tu casa y que nadie traiga vino. En Instagram todos quieren estar, pero pocos entienden para qué están realmente. Publican por inercia, por miedo a que el algoritmo les castigue, por seguir la corriente. Pero tú no eres cualquier persona, no puede darte igual publicar o no. Si inviertes tiempo, necesitas retorno. Moral y económico.
Así que olvídate de crecer por crecer. No necesitas 10.000 seguidores. Necesitas 10 que saquen la cartera. Y eso no lo consigues con filtros bonitos. Lo haces con mensajes claros, humanos y directos. Diciendo cosas que importan, sin miedo a molestar a los que nunca te comprarán igual.
Una cuenta en Instagram puede ser una máquina de hacer clientes. Pero claro, si lo usas como un catálogo o como una postal de Navidad, ya te digo que no facturarás ni para pagar el café del lunes.
Contenido inútil o contenido que convierte
Vamos al grano. Si tu contenido no conecta, entretiene o sacude, estás perdiendo el tiempo. Esa frase la puedes tatuar si quieres. Cada publicación debe tocar una fibra, remover algo, hacer pensar o provocar una sonrisa. Y si puede conseguir todo eso a la vez, mejor.
¿Y el bailecito? Bueno, tú sabrás si te apetece bailar. Pero si no lo necesitas para vender al natural, tampoco lo necesitas aquí. Ahórrate el ridículo. Haz algo mejor: habla del problema real de tus clientes. Llévales hacia ese punto donde se sientan entendidos. Y después, con dos pinceladas, les muestras que tú puedes arreglarles la vida.
¿Ejemplo? Mira este vídeo que clava lo que muchos quieren decir y no saben cómo hacerlo:
Puede que no te arregle el algoritmo, pero seguro que te pone en modo «acción». Y si estás en modo acción, tarde o temprano habrá resultados.
Vale, todo esto suena muy bien, ¿pero cómo empiezo?
Empiezas quitándote la presión de hacer lo que hacen todos. Publica menos pero mejor. En lugar de buscar ideas en otras cuentas, obsesiónate con tu cliente ideal: qué le duele, qué le frena, qué le haría la vida más fácil… y habla de eso. Como si hablaras con tu cuñado en el bar hablando de su divorcio. Así de directo. Así de sincero.
Por ejemplo, si vendes algo potente y real, no digas: «Ofrecemos soluciones digitales para negocios». Di: «Si te hartaste de probar cosas que no funcionan, aquí hay alguien que va al grano y entrega resultados sin postureo». No hay color.
Y si necesitas ideas para hacer publicaciones que sean un imán de clientes, pásate por el blog oficial de Instagram, que no tiene desperdicio. Aunque aviso: no esperes fórmulas mágicas allí. La magia la haces tú cuando empiezas a ser tú.
Ah, y si algún gurú te dice que necesitas publicar tres veces al día, bloquearle es una inversión emocional. Ya me lo agradecerás.
¿Estás en mi ciudad? Pues déjame decirte esto…
Si estás buscando a alguien que te ayude a darle sentido a tu presencia digital, y además estás cerca, deja de perder tiempo viendo reels y mándame un mensaje. Nos tomamos un café, me cuentas qué estás vendiendo, y yo te digo cómo podrías estar vendiendo tres veces más sin dejar de ser tú. Sin trucos, sin humo.
Hay mucha gente haciendo ruido. Pero la gente que paga escucha a los que se atreven a hablar con verdad. Si te apetece dejar de ser uno más y empezar a ser uno de esos que venden sin necesidad de disfrazarse, ya sabes. Estoy aquí.
