¿Tú también tienes el cajón de los chismes llenos de «esto me solucionará la vida» y luego son más trasto que ayuda? Pues prepárate porque este invento diminuto trae más alegría que un viernes a mediodía. Mira, no hace milagros, pero casi. Y si eres de los que agradecen ahorrarse dolores de dedos o de tiempo, sigue leyendo. Porque esto, amigo, es de lo que uno cuenta en las cenas.
El pequeño artefacto que hace el trabajo sucio por ti
Hay tareas que odiamos con ganas. Quitar las escamas del pescado, por ejemplo, es una de ellas. ¿Te ha pasado eso de que lo haces mal y luego hueles a sardina tres días? Pues este chisme, que parece que no vale ni un duro, te lo pone tan fácil que pensarás que te están vacilando. Y no, no lo han sacado los de la NASA, que ya sería mucho, pero podría. Porque está muy bien pensado.
Diseñado para que no tengas que poner cara de concentración de neurocirujano mientras raspas el lomo de la trucha. Simplemente, lo pasas, y él se encarga del resto. Sin peligro de pegarte un tajo, sin dejarte las uñas como si hubieras cavado un huerto, y encima, sin mancharlo todo.
Además, es pequeñito, cabe en cualquier cajón y no hace falta leerse un manual de 30 páginas para usarlo. ¿Ves lo que quiero decir? Un cacharro de esos de tener y usar sin pensar. Como el sacacorchos que no falla o el mechero bueno que nunca se pierde.
Ahorrar tiempo, espacio y disgustos
No nos engañemos. La cocina está muy bien cuando tienes tiempo, cuando andas con ganas, o cuando es sábado y puedes permitirte improvisar. Pero cuando llegas del curro o del taller hecho polvo, quieres que todo sea rápido, limpio y sin complicaciones. Pues este aparatillo es como tener un pinche de cocina bien entrenado.
Imagínate preparando pescado sin estar una hora quitando escamas, ni recogiendo escamitas hasta del techo. Imagínate no tener que frotar la encimera como si hubieras cometido un crimen allí. Pues eso, un alivio.
Y si eres de los que hacen la compra en mercado (que ya es tener criterio), y te traes el pescado de confianza, directamente, este trasto es para ti. Porque no siempre te lo dejan limpito, y si lo tienes que hacer tú en casa, mejor hacerlo rápido y bien.
Las pequeñas cosas que marcan la diferencia
Vale, no vas a construir una catedral con esto. Pero míralo así: tu día a día mejora con detalles, con esos pocos segundos que te ahorras y esa tranquilidad de no tener que pelearte con lo que no toca. Porque una cocina en calma es media salud mental ganada.
Y lo mejor de todo es que cuesta menos que un bocata en cualquier terraza rancia del centro. Por lo que vale, te soluciona una faena y te quita dolores. Nada mal, ¿verdad?
¿Curioso por saber más, ver cómo se usa o pillar uno para ti o para regalar a ese cuñado que mete escamas hasta en las cortinas? Puedes cotillear más sobre él en la web oficial del producto.
¿Y si lo pruebas tú?
Menos quejarse por lo que no va y más apostar por lo que funciona. Si estás por aquí, en el barrio, en la ciudad, y eres de los que aún le dan valor a la cocina auténtica, llámame. Escríbeme. Pásate. Porque tengo unas cuantas ideas más como esta que te van a encantar. No prometo que te conviertas en Ferran Adrià, pero te harás la vida más fácil. Que no es poca cosa.
No esperes a que te lo regalen en Navidad. Hazte un favor de los buenos y pruébalo. Uno de esos caprichos que realmente merece la pena.
