No hace falta gritar para que te escuchen, pero sí hay que aprender a decir las cosas bien. Porque en ese océano digital lleno de fotos de gatos, influencers de gimnasio y frases motivacionales de taza de desayuno, destacar no es una opción, es cuestión de supervivencia.
Si estás leyendo esto, es porque algo dentro de ti sabe que lo estás haciendo a medias. Publicas, sí. Subes contenido con más fe que estrategia. Pero los likes son perezosos, los seguidores llegan a cuenta gotas y tus ventas ni se inmutan. ¿Por qué? Porque no sabes usar ese puñetero altavoz que todo el mundo lleva en el bolsillo.
La diferencia entre mostrarte y que te vean
Una cosa es subir fotos porque «hay que estar», y otra muy distinta es crear contenido que conecte, que pare los pulgares inquietos aunque sea por un segundo y les arranque un «espera, ¿qué es esto?». Si no estás provocando al menos esa reacción, estás alimentando otra cuenta muda en un cementerio de perfiles.
El problema es que muchos confunden tener presencia con hacer ruido sin sentido. Mostrar tus productos o tus servicios sin contar una historia real detrás es como ponerte a cantar en el Retiro un lunes a las 7 de la mañana. Te ve el de la limpieza y porque está obligado a pasar por ahí.
No se trata de ti, se trata de ellos (aunque en realidad seas tú)
Ya sé que tienes un proyecto estupendo, que tus servicios son cojonudos y que si la gente los probara, repetiría. Pero deja de hablar de ti sin parar. Conecta con la gente, habla de sus problemas, de sus dudas, de sus sueños. Hazles sentir que les entiendes mejor que su cuñado.
¿Y sabes cuál es la mejor forma de hacerlo? Pues utilizando bien las armas que tienes a mano. Hablo de historias reales, de mostrar el proceso, de enseñar los tropiezos, de compartir lo que callas cuando finges que todo va bien. Porque en esa verdad hay oro. Y cuando lo haces desde el móvil, con la cámara bailando un poco y la voz sincera, eso atrapa más que un filtro bonito.
Aquí tienes un buen ejemplo con este vídeo breve, claro y directo que vale más que cien stories decoradas con emojis:
Si no haces algo diferente, eres igual que todos
No se trata de liarla por liarla, ni de subir vídeos haciendo el payaso si no va contigo. Se trata de ser tú, pero tú con intención. Porque la espontaneidad está muy bien, pero si no tiene dirección, acaba siendo ruido de fondo. Y para ruido ya está el mundo.
Te voy a dejar un enlace a la fuente oficial de Instagram, por si quieres profundizar más allá del postureo que se ve por fuera. Pero si no entiendes que esto va de personas y no de tecnología, te va a dar igual dónde hagas clic.
Otra página que merece la pena revisar es esta guía para negocios que quieren vender sin disfrazarse de influencer. No te va a dar la fórmula mágica, pero al menos te recuerda lo básico: tienes que contar algo que importe.
Así que deja de mirar lo que hacen los demás y empieza a trabajar tu mensaje como si te fuese la vida en ello. Porque tal vez en el fondo, te va.
¿Y ahora qué?
Pues ahora te toca actuar. Si tienes un negocio local, si vendes algo, si das servicios, si tienes una historia que vale la pena escuchar, haz que se note en tus redes. Y si no sabes por dónde empezar, busca a alguien que te eche un cable. ¿Te ayuda más un chute de estrategia que otro filtro milagroso? Escríbeme.
Estamos por aquí, cerca. Tan cerca como tu móvil. Porque si vas a enseñarle al mundo lo que haces, hazlo con fuerza. Y si no, apaga el WiFi y ponte a plantar tomates.
