¿Cuántas veces has sentido que estás hablando solo cuando publicas un contenido? Ese silencio incómodo que da miedo. Como si el algoritmo te hubiera metido en una habitación sin ventanas. Pues sí, eso también nos pasa a los que estamos todo el día enganchados al mundo de las redes, pensando en qué publicar, cuándo, cómo… Mientras el scroll no perdona y tu contenido se convierte en uno más de los miles que nadie ve.
Deja de querer gustar a todo el mundo
El primer error garrafal que cometemos muchos es querer caer bien a todos. Como si fuéramos una infusión que tiene que sentar bien incluso cuando hace calor. Pero no, el contenido que funciona es el que tiene alma —y no precisamente de ángel. Si te da miedo molestar, no publiques. Si te obsesiona el qué dirán, mejor ponte a hacer sudoku. La clave está en **generar reacción, levantar cejas, sacar sonrisas o incluso enfados** (los sanos, de esos que hacen comentar).
Ya no se lleva el postureo soft. Ahora lo que da resultado es contar las cosas sin anestesia. Tal y como piensas. Como cuando se lo cuentas a un amigo con una caña en la mano. Así, sin aditivos. Porque eso se huele. Y porque, seamos sinceros, estamos todos hasta arriba de frases copiadas y bailes sin alma. Si realmente quieres que tu contenido cale, **hazlo tan tuyo que nadie más podría haberlo escrito**.
Humanos, no robots: cómo conectar de verdad
No te hace falta tener el mejor móvil del mercado ni un estudio iluminado como si fueras a grabar una peli de Spielberg. Lo que necesitas es verdad. Eso que no se compra. Lo que el algoritmo empieza a premiar no es si tienes la sonrisa perfecta o luces el filtro de moda, sino si eres capaz de hacer que la gente se quede a verte sin hacer scroll compulsivo. Si logras eso, vas de camino a que te hagan casito.
¿Una pista? **Las historias personales, los errores confesables, y el humor que no parece copiado de un grupo de WhatsApp**. Todo eso funciona. Y huele a fresco. Porque en un mundo lleno de postureo, la naturalidad es punk. Mira este ejemplo:
¿Ves? Nada de fuegos artificiales. Solo autenticidad pura y dura. Y eso engancha más que el clickbait. Si quieres profundizar, mira esta fuente oficial de Instagram donde explican cómo funciona parte de su algoritmo y cómo priorizan contenido relevante, basado en interacciones reales.
No esperes, empieza a jugar en serio
Hay algo peor que no tener likes: tener la sensación de que podrías hacerlo mejor y no hacerlo. Hay muchos que dicen «ya lo haré cuando tenga tiempo», cuando tenga mejores fotos, cuando tenga seguidores… y luego nunca ocurre. La **verdad incómoda** es que los que lo están petando no esperaron a estar listos, simplemente empezaron. Y la liaron. A su manera.
Esta plataforma es un escaparate salvaje donde el que no se distingue, desaparece. Pero también es una oportunidad para contarlo a tu manera. Para encontrar tu propia voz y no esa muletilla disfrazada de frase motivadora. Lo que te convierte en alguien interesante no es jugar con las reglas del algoritmo, sino **darle la vuelta y que el algoritmo baile contigo**.
¿Sabes lo que pasa cuando empiezas a hacerlo auténtico? Que conectas con personas, no con bots. Gente real que comenta, que comparte, que guarda tus vídeos como si fueran una conversación entre colegas. Y eso, amigo, no lo consigues con tutoriales de cómo crecer en tres días, sino con cabeza, constancia y un poco de rock and roll emocional.
¿Quieres que se note tu presencia online y empezar a destacar? Si estás en España y quieres dejar de pasar desapercibido mientras el resto baila bailes ajenos, escríbenos. Porque no vendemos humo, vendemos resultados. De los que se ven. De los que conectan. De los que transforman mensajes en negocio real.
