Tus redes no lo están petando porque te falta esto

¿Tienes la sensación de que gritas en una habitación vacía cada vez que subes algo a redes? “Publica contenido de valor”, “usa hashtags”, “publica cuando tu audiencia esté conectada”… y tú ahí, haciendo malabares con Canva, vídeos de gatitos y frases motivadoras en domingo. Y nada. Silencio. Likes de tu cuñado y tu madre, si te pilla despierta.

Todo empieza con la atención (y tú no la tienes)

¿Y si te digo que no importa tanto el número de seguidores como lo que haces con ellos? Así te lo dejo. Crudo y sin mayonesa. Porque por mucho que te emperres en subir reels bonitos o fotos calculadas al milímetro, si no captas la atención de verdad, te vas al hoyo. Aquí no gana el más guapo, gana el que sabe dónde está el interruptor de la atención y lo enciende cuando todo el mundo anda dormido.

Ese interruptor se llama mensaje claro, directo y sin chorradas. ¿Qué estás contando que les importe a los demás? Porque si solo subes contenido pensando en lo bien que te ha quedado la foto, en lo alta que es la montaña que has subido o en lo monos que os veis de brunch… ni fu ni fa. La gente no quiere ver tu vida, quiere ver su reflejo en ella.

Y no, no hablo de posturear mejor. Hablo de conectar. Que no es lo mismo.

No eres un influencer, pero puedes influir (y mucho)

Tienes una cuenta. Tienes un móvil. Y tienes mucho que decir (aunque aún no lo sepas). El problema es que no estás usando bien la herramienta. Porque sí, Instagram mola un huevo, pero si no lo usas con estrategia, se convierte en el cajón donde van a morir tus mejores ideas.

Empieza por dejarte de filtros y frases de Paulo Coelho, y prueba a hablar como lo harías en el bar. ¿Sabes esa risa espontánea que sueltas cuando tu colega suelta una burrada? Pues eso. Esa emoción. Esa cercanía. Es lo que engancha en redes. La autenticidad. La naturalidad. Esa es la gasolina que hace que te escuchen.

Y ojo, que no te estoy diciendo que te pongas a contar tu vida a lo loco. Estoy diciendo que te muestres, que digas las cosas como solo tú puedes decirlas. Porque eso no lo puede copiar nadie.

Mira este vídeo. Haz clic, no te entretengo más con palabras vacías:

El algoritmo no es tu enemigo (pero tampoco tu colega)

No te líes con “cómo engañar al algoritmo”, porque el algoritmo no es idiota. Es más listo que muchos gurús juntos. Si tu contenido interesa, se mueve. Si no, por mucho que lo publiques a las 13:33 de un martes con luna llena, no se lo va a comer nadie. Así que céntrate en pillarle el gusto a crear cosas que de verdad digan algo. Que tengan alma.

Y sí, también viene bien entender cómo se comporta esa pequeña bestia. Te dejo un enlace a la guía oficial de Instagram para empresas, por si quieres dejar de tirar dardos sin ver el tablero.

Haz pruebas. Juega. Pero sobre todo, aprende de lo que a ti mismo te engancha de otros. Y no copies, ¡inspírate! Que copiar es lo que hacen los que no tienen nada nuevo que decir.

Y mientras aprendes el juego, acuérdate de que tú también puedes jugar. Pero con estilo, con gracia y con intención.

Porque Instagram no es una red social. Es un altavoz. Solo que pocos aprenden a usarlo sin petar los tímpanos de los demás.

¿Y ahora qué?

Ahora te toca mover ficha. Quizá llevas tiempo pensando en darle caña a tus redes pero no sabes por dónde empezar. O lo mismo te has cansado de tirar publicaciones al aire sin que nadie las recoja. Pues para eso estamos aquí. Para ayudarte a contar lo que haces y cómo lo haces de una forma que no se olvide con el scroll.

Si tienes un negocio por la zona, si estás harto de que no te vean ni los que te siguen, mándanos un mensaje y vemos cómo podemos ponerte en el mapa digital de verdad. Que esto no va de posturear más, va de llegar mejor.

Hazlo fácil. Hazlo distinto. Hazlo con cabeza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio