¿Y si dejaras de mirar y empezaras a seducir con tus publicaciones?

No lo necesitas. No necesitas más cursos, más fórmulas mágicas ni más plantillas prefabricadas. Lo que necesitas es atrevimiento, carne cruda y menos miedo al qué dirán. Porque mientras tú te preguntas qué escribir, otros están convirtiendo a sus seguidores en clientes que pagan sin rechistar. Hablamos de esa red social con nombre casi de postre italiano, donde todo lo bonito parece más real de lo que es. Pero ojo, que aquí también se vende, y de verdad.

Las fotos ya no venden solas… ¿Y ahora qué?

Te lo explico sin rodeos: la típica foto bien encuadrada, el filtro bonito y la frase molona ya no sirve. Sí, te dan “me gustas”, pero de eso no se come. ¿Quieres clientes? Entonces toca seducir, provocar y, sobre todo, contar cosas que enganchen más que un chisme de vecindario.

Ahora mandan las historias, los reels que te hacen parar el dedo, las frases que parecen escritas con sangre. El contenido con alma. Ahí es donde entra el juego de verdad. Si no estás usando bien los vídeos, las frases directas, los llamados a la acción que no parecen llamados a la acción, entonces estás bailando solo en la pista.

Y hablando de bailar, mira esto:

¿Lo has visto? Eso es usar un reel con intención. Hay expresión, hay ritmo, hay provocación. No te dice: “Mira qué mono soy”. Te dice: “O te mueves o te comen”. Eso sí convierte. Porque la gracia no está en estar presentes, sino en ser inolvidables.

No es una red social, es un escaparate… o más bien una trampa

La mayoría entra en esta red porque “toca estar”. Publican como zombies, siguiendo al rebaño. Pero hay otra tribu que lo hace distinto. Gente que clava mensajes como cuchillas, que cuando escribe parece que te habla directamente a ti, con esa mezcla de descaro y verdad que hace que pares de hacer scroll.

Y sí, hay información oficial sobre cómo usar mejor esta plataforma, que te puede orientar, pero lo que la gente normal necesita es emoción. Necesita saber que tú no eres otro más.

Y para eso, lo primero que hay que hacer es dejar de hablar de ti y empezar a hablarle a quien te lee. Cuéntales sus problemas, dales una colleja emocional (consentida, claro), y luego proponles algo que les haga pensar: «Caray, esto no lo había leído nunca».

Las palabras que convierten se sienten en el estómago

No necesitas 10.000 seguidores. Necesitas diez que te crean. Y si te creen, te compran. Porque las redes no son de postureo; son de confianza disfrazada de imágenes bonitas. Y si tú eres el que consigue sacudir con tus textos, no vas a necesitar perseguir a nadie. Te van a buscar ellos.

Ahora bien, decir la verdad no es solo poner texto largo. Es decir lo que muchos piensan y pocos se atreven. Es quitar el envoltorio y mostrar las tripas. Cuando haces eso (y lo haces bien), no hay algoritmo que te esconda. Porque la gente comparte la verdad. Aunque les escueza.

Por eso te digo que no se trata de estar en esta plataforma con una sonrisa postiza. Se trata de usarla con colmillo. Con arte. Y con ese punto gamberro que separa a los que gustan de los que venden.

¿Y ahora qué?

Si has llegado hasta aquí es que algo de lo que te he dicho te pica. Perfecto. Aprovecha eso. Y si tienes un negocio y no quieres seguir haciendo el ridículo en redes, mejor hablamos. Mira, estamos cerca, no somos una agencia cualquiera, y sabemos cómo rascar donde otros solo acarician.

Cuenta con nosotros para transformar esa cuenta muerta en una máquina de atracción. Un perfil que no solo se mire, sino que se recuerde. Porque aquí no estamos para ser bonitos, estamos para vender. Y eso, amigo mío, empieza con un mensaje que no se pueda ignorar.

Así que si quieres que hablemos, que analicemos lo que tienes y veamos cómo darle un giro, contacta con nosotros hoy mismo.

No prometemos likes. Prometemos clientes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio