Lo que nadie te cuenta sobre cómo despuntar en redes sin volverte un robot

Te voy a contar un pequeño secreto que no está en los manuales de gurús digitales ni lo aprenderás en academias vendecursos… Resulta que la forma de conseguir resultados reales en redes no está en seguir el algoritmo, sino en hablarle al que está al otro lado como si le debieras dinero.

Deja de parecer un escaparate trasnochado

Una de las escenas más repetidas en redes sociales es esa del individuo que repite fórmulas vacías como si fuesen mágicas. Te suelta frases motivadoras con más postureo que una pasarela de moda y luego se rasga las vestiduras cuando sus publicaciones no las comenta ni su madre.

¿Sabes por qué? Porque huelen a plástico desde el primer scroll. Y oye, tu negocio puede ser la leche, pero si lo vendes como una fotocopia de los otros cien iguales, nadie va a hacer ni clic.

La clave está en parecer humano. Más aún, en serlo. Contar lo que haces, cómo lo haces y por qué narices eres tú y no otro el que puede cambiarle el día al que te está leyendo. Eso sí, sin disfrazarlo. Con la verdad por delante, aunque duela.

Contenido que engancha como chicle en el zapato

Si quieres que te recuerden en redes, no basta con subir una foto bonita o un vídeo que lo ves una y otra vez solo por la música. Tienes que ser útil, visible y que el contenido tenga sangre. Que emocione. Importe. Que diga algo.

No pongas una imagen con frases cursilonas en cursiva sobre fondo beige. Coge tu móvil, grábate dando un consejo que nadie espera. Sube cómo haces lo que haces con esa chispa que tienes tú y que no tiene el resto. Y sobre todo, no te enrolles como las persianas: directo, claro y con intención.

Ese vídeo dice más de ti que todo lo que puedas poner en la bio. Porque el movimiento se demuestra andando… y en redes, grabando. Así que empieza a mostrar lo que haces sin filtros que te resten alma. Aprovecha para conectar desde los detalles. Y vuelve a subirlo si hace falta, pero con más honestidad.

El algoritmo le gusta la gente que gusta

No te compliques con teorías locas sobre algoritmos invisibles. Lo que de verdad mueve redes no es el spam ni los mensajes automatizados, sino las personas de verdad, con historias de verdad. El algoritmo de Instagram premia a los que mueven emociones, no a los pesados que solo sueltan promociones sin ton ni son.

Así que deja de pensar en trucos de magia y empieza a pensar como un vecino que se asoma al balcón y dice: “Ey, esto es lo que hago, ¿te sirve?” Así de simple, así de complicado. Pero funciona. Y mucho.

Y si estás harto de subir cosas que no funcionan, empieza por cambiarte el chip. Quizá aquí encuentres alguna pista que te ayude, si sabes leer entre líneas.

No hace falta bailar para petarlo, pero sí hace falta bailar al ritmo de lo que tu público espera de ti… y a veces, incluso sorprenderle con un paso que no vio venir.

Si estás por aquí cerca y quieres que te lo monte fino…

Llevo tiempo ayudando a negocios locales a dejar de parecer mostradores tristes en Instagram y a convertirse en escaparates con cola de espera. Desde el texto hasta la estrategia. Si eres de los que entienden que esto va de tocar la fibra antes que los botones, hablemos.

Estoy justo al lado. Si eres de los que no quieren perder el tiempo ni gastar más en anuncios que en pan cada mes, mándame un mensaje. No te voy a vender humo. Pero sí ideas que hacen ruido (del bueno).

Y si no eres tú pero conoces a alguien que necesita ponerse las pilas con esto, reenvíale esto. Le harás un favor. Y a mí también, qué narices.

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