Te plantas con tu ordenador, le das a la tecla con la seguridad de un francotirador… y zasca. Aparece ese mensaje irritante, ese cartelito molesto que parece decir: «¿Qué has hecho ahora, figura?». Y sí, hablamos de ese puñetero error 400 (también conocido como «Bad Request»).
Pero respira. Puede que no sea culpa tuya. O tal vez sí. El caso es que hay solución. Y aquí te lo voy a contar con pelos y señales, sin palabrejas raras ni tecnicismos de esos que te hacen cerrar la página a los tres segundos.
¿Qué demonios significa un error 400?
Vamos al lío. Este mensaje aparece cuando el servidor dice: “Lo que me estás pidiendo no lo entiendo, crack”. No es que el servidor sea un borde (aunque a veces lo parece), es que simplemente la petición que has enviado está mal desde el principio.
¿Por qué puede pasar esto?
- Te has metido un URL más largo que un día sin pan, con caracteres raros o mal escritos.
- Has enviado formularios cargados de datos chungos.
- Tu navegador tiene cookies corruptas o una caché con más mierda que el cajón de los calcetines desparejados.
- Tu conexión se ha ido de fiesta y vuelve cuando quiere.
En resumen: el servidor no está de humor y lo expresa con un buen “400”.
Cómo arreglar el entuerto sin volverse tarumba
Aquí va el manual de desatasco exprés, sin tecnicismos ni gaitas:
- Borra la caché y las cookies. Es como meterle un chute de aire fresco al navegador. Básico, pero milagroso.
- Verifica la URL. Asegúrate de que no has puesto caracteres extraños, símbolos que no pintan nada o palabras a medio escribir.
- Prueba en modo incógnito o con otro navegador. Así sabrás si el problema es del navegador o de tu conexión mental con el ciberespacio.
- Reinicia el router o conéctate desde otra red. A veces la cosa va de conexión que va a pedales.
- Ponlo bonito para el servidor. Si estás enviando datos como formularios o JSON, asegúrate de que no le estás mandando basura. Al servidor le gustan las cosas bien empaquetadas.
Y si después de todo esto sigue apareciendo el maldito error 400, puede que el problema no esté en tu tejado. Habría que mirar también si el sitio web al que intentas acceder está configurado por el primo del dueño… el que aprendió programación en una tarde de domingo con dos vídeos de YouTube.
¿Tiene solución permanente o esto es como el día de la marmota?
Te lo digo claro: sí, tiene solución. Pero como todo en la vida, requiere poner un poco de orden. Si eres el dueño de la página web que se ve como el típico error cada dos por tres, tienes faena.
Probablemente tienes algún problema en la solicitud HTTP, mal configurado algún componente, o estás dejando que tus usuarios lo peten con formularios que no sabes ni revisar. Y eso es como abrirle la puerta a los errores con una alfombra roja.
Así que ponte serio y revisa tus archivos de configuración, los plugins si usas CMS tipo WordPress, la estructura de tus formularios, y por supuesto, el estado de tus cookies (las del navegador, no las de chocolate, aunque esas también van bien para el mal humor).
Una recomendación final: si no controlas de código, déjalo. De verdad. Aquí entra el sentido común. Lo barato sale caro, y tu web no está para improvisaciones.
Ah, y ya que estás aquí, toma nota de esto: si te mueves por esta zona y estás harto de que tu página web se rompa más que las promesas en campaña electoral, deja que lo arreglemos juntos. Sin cuentos, sin palabras raras y sin facturas sorpresa.
Contáctame hoy mismo y déjame quitarte ese error 400 de encima. Que ver una web bien hecha da gustito, y más si sabes que no tienes que tocar nada tú. Estás a un clic de dejar de pelearte con tu servidor, ¿a qué esperas?
