Aprende a sacarle brillo a tus publicaciones sin hacer el ridículo

Hoy el escaparate no tiene cristal. Tampoco se limpia con papel de periódico y vinagre. Ahora las miradas están en una pantalla, donde cada desliz con el dedo puede ser una oportunidad o una tragedia digital. El mundo se ha metido en un cuadrado, y tú, si no estás en ese cuadrado, parece que no existes. Aquí te voy a contar cómo no convertirte en un maniquí de escaparate pasado de moda, aunque uses traje moderno.

Publicar no es lo mismo que comunicar

Conozco a más de uno que piensa que subir una foto de su desayuno con filtro Valencia es hacer comunicación. Mira, eso puede servirle a tu abuela para saber que sigues vivo, pero a tus clientes potenciales, eso se la trae muy floja. Tienes que entender una cosa: no vendes productos, vendes emociones, transformaciones, resultados.

La diferencia entre una cuenta que genera ventas y otra que solo genera likes está en cómo conecta con su audiencia. El que vende no sube fotos por subir, sube porque sabe lo que está haciendo y para qué. ¿Tú sabes para qué subes lo que subes?

Antes de darle al botón de publicar, responde esto: ¿Esta publicación resuelve un problema, provoca una emoción, genera una conversación? Si no responde afirmativamente a una de esas tres, guárdala y sigue currándotela. Las emociones, la cercanía y la honestidad bien contada tienen más fuerza que un sorteo con mil hashtags traídos del inframundo.

El algoritmo no es tu enemigo (aunque parezca tu suegra)

El algoritmo es ese tipo que decide si tienes premio o no. Pero tranquilo, que no es más listo que tú. Solo está programado para detectar lo que la gente quiere ver… y si tú se lo das, él te pone la alfombra roja. Así de simple. Bueno, casi.

¿Quieres tener más visibilidad? Trabaja tus publicaciones como si cada una fuera una carta de amor. Escribe desde las tripas, no desde el ego. Sé constante. El algoritmo valora más a quien no se rinde que a quien se hace viral y desaparece. Esto es una carrera de fondo.

Además, interactúa con tu comunidad. Responde a los comentarios, dale bola a las historias, usa los stickers, deja de pensar en “subir contenido” y empieza a pensar en “crear relaciones”. Recuerda que la gente entra a estas plataformas para hablar con personas, no con catálogos ambulantes.

Tu reel vale más que mil panfletos mal repartidos

Mira este vídeo y dime si no te dice más que muchas webs enteras llenas de palabras vacías:

Ese reel, si está bien pensado, puede hacer que alguien que no te conoce de nada diga: “Hostia, ¿y este tío de dónde ha salido?” Y eso, amigo mío, tiene más valor que cien tarjetas de visita. Los reels bien trabajados no son flor de un día, son los cimientos de una presencia online decente.

Además, gracias a su capacidad para explotar el alcance de forma orgánica, un buen reel puede ser ese impulso que andabas buscando desde hace meses. Si quieres ver cómo se curran los profesionales este asunto, échale un vistazo al portal de negocios de Instagram donde explican cómo funcionan los anuncios, reels y más inventos de estos para vender con cabeza.

Claro que puedes hacer el ridículo. Pero si haces nada, también estás haciendo el ridículo solo que en invisible. Mejor que te lo curres y aprendas a hacerlo bien, porque ahí fuera no esperan a nadie.

¿Vendes en Madrid, Galicia o Salamanca? Los seguidores no pagan facturas, los clientes sí

Este artículo no es para influencers que se ganan la vida vendiendo batidos detox. Es para gente como tú, que ofrece servicios reales, productos que ayudan, negocios con cara y ojos. Si estás en Madrid, Galicia o Salamanca, y tienes algo que vender, más te vale que trabajes tu presencia online como si te fuese la cuenta corriente en ello. Porque lo mismo, se te va.

Y si no sabes por dónde empezar, aquí tienes una guía oficial para montártelo bien desde cero. Nada de fórmulas mágicas ni tonterías: curro, visión y estrategia. El resto son fuegos artificiales que duran menos que una historia de quince segundos.

Ponte las pilas, mete caña a tu cuenta y deja de dar pena visual en redes. Si tus clientes están ahí, tú también. Pero bien hecho, no a lo loco. Y si necesitas ayuda, ya sabes por dónde encontrarme.

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