Igual que el camarero que mira al infinito esperando que alguien le pida la cuenta, muchos siguen en redes sociales con cara de «¿y ahora qué subo?». Pero tú no viniste aquí para ser uno más. Viniste a moverte como pez en aguas digitales, a que te noten, a que te busquen. Y aunque no lo sepas, lo tienes todo delante.
¿Qué estás publicando, en serio?
La mayoría se ha metido en una rueda de fotos monas, frases rumiadas y bailes que ya no sorprenden ni a tu tía del pueblo. Pero si quieres dejar de hacer scroll como alma en pena y empezar a usar la red para lo que sirve —que te vean, que te compren, que te valoren—, hay que cambiar el chip.
¿No sabes por dónde empezar? Pues empieza por hacerte esta pregunta: «¿Lo que subo haría que alguien se quedase más de 3 segundos en mi perfil?«. Si no, toca barrer y volver a montar la vitrinita.
La diferencia entre estar y destacar
Saturación. Esa es la palabra que mejor define lo que te encuentras en cualquier red de este tipo. Todo el mundo quiere contar algo y, claro, nadie escucha. Así que la clave es aprender a contar lo tuyo como si fuera una serie original de Netflix, no como una fotocopia de lo mismo de siempre.
Y aquí no se trata de ser el más guapo, ni el más listo. Se trata de tener algo que decir y decirlo bien. Y si no lo tienes, invéntatelo. Pero que tenga fondo, por favor. Otra cosa, empieza a usar formatos distintos. Publica carruseles llamativos, vídeos con storytelling, directo al grano. Haz que parezca que cuando uno te descubre, ha encontrado algo que no sabía que necesitaba.
Y ya que hablamos de vídeos, échale un vistazo a este que lo clava. No salgas de aquí, dale al play directamente:
Deja de seguir estrategias que no son para ti
“Haz lo que hacen los grandes y serás como ellos.” Pues no siempre. Es como si tú quisieras abrir una panadería en tu barrio y te empeñases en copiar a una franquicia con 200 locales. No funciona. Tú necesitas una estrategia que huela a pan caliente de verdad, no a marketing recalentado.
Empieza por mirar cómo se comporta tu público. Sí, el de verdad, el que te sigue, comenta o al menos da señales de vida. ¿Qué contenido comparten? ¿Qué les gusta ver? ¿A qué horas se conectan? Usa herramientas como Instagram Insights para localizar esas pistas que se te escapan entre etiquetas.
Ningún algoritmo va a salvarte si no sabes a quién quieres hablarle. Así que la próxima vez que vayas a subir algo, piensa en algo simple: ¿esto ayudará, entretendrá o conectará con alguien? Si no, no lo subas. Guarda la paja para otro día.
Y si lo que quieres es empezar a usar tu perfil como escaparate y no como tablón de frases hechas, a lo mejor va siendo hora de ponerte serio con esto. Aquí no estamos para ser influencers de plastilina, estamos para que el que te vea, se acuerde de ti.
Hazte un favor: deja las estrategias que funcionan solo en PowerPoints y empieza a ponerle intención a lo que haces.
Ah, y si te está empezando a picar el gusanillo, quizás quieras echar un vistazo a la página oficial de la plataforma para descubrir herramientas que quizás nunca has usado.
¿Nos tomamos un café o prefieres que te lo cuente online?
Si tienes un negocio local y sientes que podrías estar aprovechando mucho mejor tus redes, igual va siendo hora de que hablemos. Nada de cursos mágicos ni fórmulas genéricas. Una estrategia adaptada a lo que tú haces y cómo lo haces.
Estoy en tu ciudad, aquí al lado. Más cerca que cualquier agencia que ni te contesta los correos. Si quieres que las redes empiecen por fin a darte resultados reales, pide tu cita. Sin calendarios raros. Escribeme y te cuento cómo.
Y si estás leyendo esto desde otro punto del país, no te preocupes. También trabajamos a distancia. El mensaje funciona en digital, pero el enfoque es humano. Siempre.
