Verás, hay un lugar donde la gente pasa horas deslizando con el dedo, sonriendo ante fotos que no dicen nada y sintiéndose menos solo porque alguien les ha dado un corazoncito. Sí, me refiero a esa red social que empezó con filtros vintage y ahora mueve negocios millones de euros. Y no, no hace falta que digamos el nombre, ya sabes de cuál hablo.
La trampa sutil de los likes: más dopamina que estrategia
Si has caído en la red de los likes fáciles y del contenido que parece fabricado en serie, tranquilo, no estás solo. Permíteme que te diga algo: el algoritmo no es tu colega. Le da igual tu talento, tus años de experiencia o si eres el mejor en lo que haces. Solo le importa lo que hace clic, lo que retiene, lo que convierte. Así funciona este chiringuito.
Por eso, si estás publicando fotos bonitas sin un propósito claro, estás bailando solo en una fiesta muy ruidosa. La clave no es estar, es impactar. Y para eso necesitas estrategia, personalidad y un mensaje que se clave como una espina (pero de las que hacen pensar).
Autenticidad brutal: el nuevo lujo digital
El postureo ha muerto. Bueno, no del todo, pero cada vez cuela menos. El que triunfa ahí dentro ahora es el que se muestra tal cual, sin filtros horteras ni frases de Paulo Coelho. Si vendes tu empresa, tu arte o tu proyecto, la transparencia es tu mejor campaña.
¿Un consejo de cuñado digital? Muestra el detrás de cámaras. Enseña tu trastienda, tus errores, tus días malos. La gente conecta con gente, no con robots perfectos. Dale un uso estratégico a las historias, e intenta que más de uno se quede con ganas de saber qué pasará mañana.
Deja de contar likes y empieza a contar clientes
Ni el mejor selfie del mundo paga facturas. Puedes tener mil seguidores o cien mil, pero si ninguno se convierte en cliente, estás haciendo el gilipollas con luz y taquígrafos. La métrica que importa, amigo mío, es cuánta gente salta del móvil a tu cartera. Dicho en fino: cuántos convierten.
No te obsesiones con viralizar. Mejor y más rentable es convertir. Para eso, tu estrategia de contenido debe pivotar sobre una propuesta de valor clara, con llamadas a la acción visibles (y sin vergüenza), y algún enlace que dirija a tu punto de venta o a donde realmente importe.
Hablando de contenido que convierte, échale un vistazo a este vídeo. No hace falta que salgas de aquí, ya te lo pongo yo bien fácil:
¿Lo ves? Eso sí es contenido que engancha. Y ojo, no por tener fuegos artificiales, sino porque cuenta algo. Porque tiene alma.
Y si quieres saber cómo usar esta plataforma sin sentir que te absorbe el alma o te está robando el tiempo, puedes echarle un vistazo a su web oficial o leer entre líneas cómo lo hacen los grandes (los que no lo gritan, pero facturan).
Haz algo diferente en un mundo donde todos copian
Lo que funciona en estas redes no es hacer lo que hace todo el mundo. Eso te convierte en ruido. Haz lo tuyo. Hazlo raro, incluso. Lo importante es que cale, que quede. Que alguien piense: «Mira tú éste, qué arte tiene para contarlo así». El marketing bueno no suena a marketing. Se siente como una conversación en la barra de un bar.
Así que, si estás en una ciudad concreta, si tienes un negocio local, si vendes en tu barrio, tu provincia, tu comunidad, deja de hacer vídeos como si fueras a vender en Los Ángeles. Habla como hablas tú. Sé local, piensa global. Que no es lo mismo, eh.
¿Te gustaría que te ayudase a que tu perfil deje de parecer un escaparate vacío y empiece a vender de verdad? Escríbeme. Y ya si eso, hablamos en serio.
¿Eres de aquí cerca? Pues mejor aún, que tomarse un café presencial sigue ganando a los DM. Llámame, y lo hablamos como se hacía antes: con palabras… y con mirada.
