Lo que nadie se atreve a contar sobre redes sociales y persuasión digital

Es curioso cómo nos hemos acostumbrado a ver pasar vidas enteras en una pantalla de móvil. Una imagen, un bailecito, un texto con un filtro brillante y cientos de desconocidos lanzando corazones virtuales como si eso les diera sentido a sus días. Pero detrás de cada publicación hay mucho más de lo que parece, y quien no lo vea así, está perdiendo dinero o influencia… o las dos cosas.

Deja de contar tu vida y empieza a contar algo que venda

Si algo nos ha enseñado esta plataforma (sí, esa donde la gente se cree más feliz de lo que en verdad es) es que la atención es la nueva moneda. Y no la regalan, ¿eh? Hay que currársela. Si no eres capaz de captar esa mirada perdida que desliza el dedo a toda velocidad, estás fuera del juego. No me mires así. No va contigo, claro…

La tentación de llenar tu perfil con citas motivadoras y fotos de cafés perfectos es grande, lo sé. Pero si quieres hacer negocio —y no me hables de likes, que eso no paga facturas—, tienes que entender cómo funciona realmente este invento de Silicon Valley. Las redes sociales no están para entretener, están para vender. Que entretengan es un efecto colateral.

¿La jugada maestra? El contenido que conecta. Ese que parece que le estás hablando directamente al tipo que te ha seguido sin saber muy bien por qué. Ahí está la clave, en que sienta que le hablas a él, solo a él, y en que no pueda apartar los ojos de tu mensaje.

Esto no va de seguidores, va de convertir el interés en algo tangible

Una cuenta con 10.000 seguidores no alimenta. Una con 300 personas interesadas y que confían en lo que ofreces, sí. Así que menos obsesión por los números y más empeño por crear comunidad, aunque no te guste la palabra. La confianza vende más que la presión, aunque en esto último muchos estén doctorados.

Aquí viene el motivo de escribirte todo esto. Mira este vídeo que te lo deja claro sin necesidad de hablar:

Está claro, ¿no? El mensaje entra rapidito cuando se dice bien. Cuando tocas la fibra, cuando te dejas de rodeos. Lo que estamos viendo aquí es una manera directa de enganchar al posible cliente (o al cotilla de turno), pero desde la autenticidad que no se finge.

Tu historia no solo interesa, interesa si sabes contarla

¿Sabes lo que más funciona hoy en día? Ser tú, pero con un poco de chispa y mucha, muchísima estrategia. Porque no se trata solo de mostrar, sino de hacer que cada cosa que pongas lleve a una intención clara. ¿Vas a vender? Que se note. ¿Vas a informar? Que se entienda. ¿Vas a entretener? Que no bostecen.

No pasa nada si no eres un genio del vídeo o si no tienes a tu primo el diseñador gráfico. Con un móvil decente, un poco de luz decente y aprendiendo lo básico puedes hacer maravillas. De hecho, plataformas como la propia herramienta para negocios ya te lleva de la mano. Eso sí, sin café para los más lentos, que aquí hay que espabilar si no quieres desaparecer debajo del algoritmo.

Por cierto, si quieres que la gente te crea, empieza por creer tú en lo que haces. Si tú no lo vives como algo poderoso, ellos lo notarán al segundo. El postureo ya huele. Lo auténtico, bien hecho, sigue ganando… y vendiendo.

¿Y ahora qué? Toca mover ficha

Si estás cansado de subir publicaciones que nadie ve, de inventarte hashtags como si fueran la llave del éxito, o de mirar como otros avanzan mientras tú refrescas tu perfil tres veces por hora… toca cambiar las reglas. No las del juego, las tuyas.

¿Tienes un negocio local? ¿Das servicios presenciales? ¿Tu tienda tiene escaparate, pero ningún me gusta? Pues esto es para ti. Porque necesitas estar donde está la atención de la gente y necesitas estar bien, no haciendo el ridículo como los que solo copian lo que ven fuera, sin saber por qué funciona.

Contáctame, si tienes un negocio y no sabes por dónde empezar. Yo te guío, te traduzco el mambo digital y te doy las herramientas para que conectes, vendas y —cuando hace falta— deslumbres también. Pero sin filtros.

Hazlo fácil: escríbeme, que para eso estamos. Y que no te asuste que hable así. Peor es seguir invisible.

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