Hay algo que haces cada día. Que repites cada vez que te levantas, sin pensar. Y que sin querer, te está poniendo la zancadilla. Espérate, que te lo cuento.
Deslizas el dedo. Como una rutina, como quien se lava los dientes o le da un sorbo al café. Abres la app, ves los Reels, pasas historias, das like, cotilleas perfiles… y no te has dado cuenta de que estás trabajando para otros mientras tú sigues parado como un árbol sin abono.
Porque sí, hay gente ahí fuera que se está llenando los bolsillos, las agendas y los calendarios a base de hacer las cosas con cabeza. No se trata de estar todo el día en redes, sino de saber cómo moverse para que te vean los que tienen que verte. Y no, no hace falta que seas influencer ni grabes bailes (aunque oye, si eso te va, adelante).
El secreto no está en el algoritmo, está en ti
Muchos se rompen los cuernos intentando descifrar el maldito algoritmo. Qué hashtags poner, a qué hora publicar, cuántas veces a la semana, si poner una foto con filtro sepia o una en blanco y negro con frase profunda. Y mientras tanto, siguen exactamente en el punto de partida.
La mayoría no entiende que esto no es una ciencia exacta… pero sí una herramienta. Como un martillo. Puedes colgar un cuadro o romperte un dedo. Y para colgarlo bien, hace falta saber dónde está el clavo.
Lo primero que tienes que hacer es decidir para qué estás en Instagram. ¿Para perder el tiempo o para impulsarte?
Si eliges lo segundo, aquí va una cosa que te vendrá bien ver (y ojo, que aquí no hay trampa, ni cartón, ni postureo de coach de humo):
Las 3 cosas que estás haciendo mal (y que podrías cambiar hoy)
- No hablas claro. Te escondes. Usas un lenguaje genérico. Subes fotos bonitas. Pero no enseñas lo que haces, cómo lo haces y por qué deberían elegirte a ti.
- Esperas resultados rápidos. Como si fuera magia. Subes tres publicaciones y ya quieres 10.000 seguidores y que te llame Ferrán Adrià. Paciencia. Juego largo. Constancia.
- No interactúas. Ni respondes mensajes, ni comentas en perfiles afines, ni creas conversación. Y si no hay conversación, no hay comunidad. Y sin comunidad, estás solo en la fiesta.
Esto va mal si no lo agarras por el mango. Pero si empiezas a abrir los ojos y a actuar con estrategia, puede ir muy bien.
Deja de mirar, empieza a provocar
Nadie se acuerda del que solo observa. El que mueve, provoca, genera emoción, ese sí. Ese tiene rodillos trabajando a su favor.
¿Lo bueno? Que no necesitas grandes inversiones. Solo claridad y un poco de valentía. Y si no sabes por dónde empezar pero te ha picado la mosca de hacer las cosas bien, entonces quizás va siendo hora de tirar de ayuda profesional.
Y mira, aquí te dejo una referencia más que maja donde puedes encontrar información directa, sin adornos, sobre cómo sacarle el jugo a esta plataforma. Echa un ojo a esto de Instagram oficial, que aunque no lo creas, tiene recursos útiles si sabes dónde mirar.
En resumen: esto no va de estar en Instagram, va de utilizar el Instagram. Para algo. Para vender. Para conectar. Para posicionarte. Para que sepan que estás ahí haciendo las cosas bien.
Y si eres de los que vive del boca a oreja, de los que aún piensa que esto de las redes es una moda o para críos, te aviso: el tren va cargado y tú todavía estás en el andén.
Llamado a la acción
¿Eres de los que tiene un negocio en tu barrio, en tu ciudad, en tu pueblo de los que aún huelen a pan caliente y atención real? Entonces no pierdas lo que te hace único. Pero tampoco ignores lo que puede darte impulso.
Ponte en contacto. Hablemos de cómo crear contenido que no solo se vea bien, sino que venda. Porque aquí no venimos a perder el tiempo, venimos a hacerlo valer. Escríbeme y nos ponemos en marcha. Que lo bueno de estar cerca, es que podemos hablar claro y mirar a los ojos.
