Hay cosas que no se explican, se sienten. Como ese cosquilleo que sube desde el estómago cuando ves algo que te rompe la cabeza, que te arranca una sonrisa de repente, que te hace decir ‘joder, esto lo tengo que compartir’. Hay algo casi adictivo en esa sensación. Y sí, en este mundo tan serio y tan programado, hace falta que alguien venga a revolverte un poco. O mucho.
Lo inesperado tiene forma de scroll
Te sientas cinco minutos. Solo cinco. Y das al play. Y luego deslizas. Y luego otro. Y luego uno más. Y cuando te quieres dar cuenta, ha pasado media hora y tú sigues ahí, sintiendo que no ha sido tiempo perdido, sino más bien una sacudida al estrés diario. Eso es lo que consiguen algunos: mostrarte un lado extraño, salvaje o incluso ridículo de la vida que te hace bien. Porque a veces, reírte de un chaval bailando como poseso o de una receta que acaba en catástrofe, te salva la tarde.
Y no hablamos solo de risa. Hay pequeñas joyas escondidas entre vídeos caseros que de caseros tienen poco. Hay creatividad que desborda, hay ideas que te entran por los ojos y se te quedan en la cabeza más tiempo del que estás dispuesto a admitir. Porque cuando te lo hacen tan fácil, tan directo, tan sin filtros, te engancha. Punto.
El algoritmo, ese diablo que te entiende mejor que tu madre
No sabes cómo, pero de pronto te salen vídeos que parecen hechos para ti. Como si le hubieses contado tus secretos a alguien y ese alguien los usara para entretenerte mejor que nadie. Y reconoces que esa inteligencia que escoge qué mostrarte tiene algo de brujería. Porque acierta. Demasiado.
Pero eso no es magia, es ingeniería social pura mezclada con datos como puños. Cada gesto, cada segundo que ves un vídeo, cada vez que pasas al siguiente o decides verlo hasta el final, importa. Al final, te construyen una especie de sala de espejos donde todo lo que ves tiene algo de ti. Y es por eso que te cuesta parar.
Ahora, por si aún no lo has hecho, te dejo aquí un vídeo que es puro ejemplo de lo que te hablo. Dale al play aquí mismo, no te muevas de esta página. Vívelo, y luego me dices si no tienes esa sensación de «quiero uno más».
Del entretenimiento a la creatividad desatada
Una cosa es que veas vídeos por matar el rato. Otra muy distinta es que acabes haciendo los tuyos. Y sí, eso pasa. Porque cuando ves que cualquiera puede crear algo que llega a miles de personas sin moverse de casa, sin grandes medios, solo con gracia o con descaro, te pica el gusanillo. Y ahí es donde empieza lo bueno.
Lo mismo te lanzas con un vídeo que es solo una tontería… y de pronto, a alguien le toca algo. Y se comparte. Y te llegan comentarios de gente que no conoces de nada pero que, por un momento, se ríe contigo, te aplaude o incluso replica tu idea. Eso, amigo mío, es tener voz hoy. Y si tú no la usas, otros lo harán por ti.
Por eso hay empresas que ya se han espabilado y están usando este tipo de formatos para mostrar lo que hacen sin parecer catálogos. Si tienes un negocio, no subestimes el poder de un vídeo de 15 segundos en el móvil de alguien como tú. Porque plataformas como esta están marcando el pulso del entretenimiento (y del marketing) moderno.
Aquí no gana el más serio, gana el más auténtico. El que no teme hacer algo diferente. Algo que haga sentir.
Y te digo más: los datos lo avalan. Si conectas, te siguen. Si caes en gracia, te comparten. Y si haces las cosas bien, se convierten en clientes o en fans. Y eso, hoy, vale más que mil anuncios en la tele.
Así que si estás en el mundo real y aún crees que esto son solo vídeos de bailes o retos absurdos, cariño, estás perdiendo el tren.
Haz lo que quieras. Pero empieza a mirar con otros ojos.
Haz tu día. Y, si te atreves, haz el de otros también.
Ahora te toca a ti
Si eres de los que tiene algo que decir, un negocio que ofrecer, una historia que compartir o un talento escondido, no te quedes viendo desde la barrera. Hoy más que nunca, crear contenido es fácil, directo y libre. Dale una oportunidad a tu lado salvaje, o al menos al creativo. Porque aquí, el que no arriesga, no sale ni en las búsquedas.
Y si eres de los nuestros, de los que cree en el poder de conectar, habla con nosotros. Estamos al otro lado, cerca, en la misma ciudad que tú. Déjanos ayudarte a dar ese primer paso digital pero con huella real. Porque lo que se mueve en la pantalla también despega fuera de ella.
Haz que te vean. Hazte ver.
