Hoy en día, todo el mundo parece un anuncio andante. Piel perfecta, sonrisa de catálogo y desayunos que parecen diseñados por un chef con estrella Michelin. Curioso, ¿verdad? Pero cuando apagas el móvil, todo cambia. Y ahí es donde empieza lo interesante. Porque exhibirse sin disfraz, sin tanto postureo, la mayoría no sabe hacerlo.
El escaparate invisible que todos miran
Instagram ha pasado de ser una app para compartir fotos de gatos y vacaciones, a un escaparate donde todo el mundo quiere venderte algo: su vida, su éxito, su rutina milagrosa. Y hay que tener cuidado, porque mostrar solo lo bonito termina por desconectar a quien mira.
Ese halo falsamente perfecto aburre. La atención se gana con autenticidad, con frases torcidas y fotos menos pulidas. Aquí viene el truco: la gente se engancha cuando siente que detrás de la pantalla hay alguien real, no un robot con filtro Valencia y sonrisa de plástico.
¿Quieres conectar con tu comunidad? No pongas otro vídeo de café espumoso. Cuenta cómo tienes un lunes de perros, pero con humor. Enséñales quién está detrás del escaparate, aunque sea con pijama y legañas.
Hazlo fácil, que no vivimos para hacer scroll infinito
Mucha gente escribe como si fuera Premio Nobel. O peor, como si los estuviera auditando Hacienda. Pero la clave está en hablar como si le contaras algo a un colega tomando una caña. Directo, sin vueltas.
Publicar desde la verdad (aunque sea fea), convierte. Porque lo que es real, se nota. Y lo que se nota, se recuerda. Que no necesitas tener miles de seguidores para generar impacto. Necesitas ser tú, y hacerlo bien.
Además, si vas a usar reels, que no sea el típico de baile sin alma o la receta rehervida del hummus de remolacha. Ojo a este ejemplo que lo clava por su naturalidad:
Lo ves y piensas: “Eso me pasa a mí también”. Y justo ahí empieza la magia. Porque te sientes conectado.
¿Y qué pasa con los que se dedican a esto?
Si tienes un negocio, estás tardando en usar estas plataformas como es debido. Y no, no hace falta contratar una agencia de marketing con nombres en inglés y tarifas hinchadas. Basta con saber lo que quieres contar y hacerlo sin disfraces.
Por ejemplo, si vendes productos artesanos, enseña el proceso. Si prestas asesorías, cuenta anécdotas reales sin vender humo. Y si eres fotógrafo, mejor una foto mal encuadrada pero con alma que otra edición estéril buscando likes.
El contenido auténtico fideliza, te pone en el mapa, y hace que la gente quiera volver. De eso va esto: de dejar huella y no solo likes.
Si no sabes por dónde empezar, mira lo que dice la propia plataforma aquí. Sin pasarte horas, puedes sacarle jugo sin necesidad de tener un máster en algoritmos.
¿Lo pillas ya? No es cuestión de perfección, sino de conexión. Y eso no lo da un filtro.
¿Eres de los que tiene cosas que contar pero no sabes cómo sacarles partido en redes? Escríbeme. Estoy en el mismo barrio y conozco el terreno. Lo hacemos fácil, rápido y sin palabros raros. Acércate, que esto va en serio.
