Te levantas una mañana, enciendes el ordenador, entras en tu web con la idea de revisar estadísticas, hacer unos retoques o publicar ese nuevo artículo que te tenía en vela… y ¡pum! un error, frío y contundente aparece en pantalla: «Página no disponible. Código 410».
Lo llaman «Gone», como si le hubieran puesto nombre de película dramática. Y dramático es, pero sólo si no sabes qué está pasando. Y aquí no hemos venido a hacer drama, hemos venido a poner las cartas sobre la mesa y entender por qué tu web te está diciendo, con toda la calma del mundo, que esa URL ya no existe… y no lo hará nunca más.
Esto no es un adiós, es un «se acabó para siempre»
El famoso código de error 410 no es como el típico 404 que todos conocemos, ese que todavía deja una puerta entreabierta, como si la página pudiera volver algún día. El 410 va un paso más allá: te dice que esa página ha sido eliminada de forma permanente. No está perdida. No se le ha ido la cobertura. Se ha ido para no volver. Y eso, amigos, cambia las reglas del juego desde el minuto uno.
Quizá la eliminaste tú hace tiempo, queriendo hacer limpieza en tu web. O peor aún, tal vez ese contenido era antiguo, desfasado, con enlaces rotos, y Google te estaba penalizando por tenerlo ahí criando telarañas. El 410 le dice al buscador: «tranquilo, esta URL ya no cuenta. No la indexees. No la tengas en cuenta». Un gesto de honestidad que, bien gestionado, puede hasta mejorar tu posicionamiento.
Si quieres profundizar sobre este tipo de estado HTTP, hay referencias fiables como esta documentación de Mozilla donde lo explican con todo lujo de detalles. Pero no vamos a aburrirte con tecnicismos aquí. Lo que necesitas saber es otra cosa.
No basta con borrar, hay que saber hacerlo
Porque cuando eliminas páginas por puro impulso o sin estrategia, la web se llena de estos errores 410 como si fueran manchas de grasa que no salen ni con Fairy. Y eso cansa a Google, pero también a tus visitantes. Te miran mal. Abandonan. Hablan con otros. Y entonces te preguntas por qué la tasa de rebote se dispara como si fuera el Ibex en 2008.
La clave está en redireccionar correctamente, en pensar: de esta página que desaparece, ¿cuál sería una alternativa útil para quien llegue aquí? O si no la hay… ¿puedo explicar de forma elegante que la URL ya no existe y sugerir otros caminos? Aquí entra en juego no solo el técnico web, sino también el copy, el UX, el SEO. Súmale un poco de miramiento y tendrás una web más limpia, más eficaz y mucho menos hostil.
Y si no sabes cómo hacerlo, o si tienes errores que no paras de ignorar como si fueran notificaciones del banco el día 28, entonces necesitas ayuda profesional. Porque no hay nada que dé peor imagen que una web llena de puertas cerradas.
¿Y si además el usuario quiere pagar?
Ojo, que aquí viene la mejor parte: muchas veces el error 410 salta en páginas críticas: formularios, procesos de pago, accesos a cursos o áreas privadas. Imagínate tú, con un cliente dispuesto a soltar la pasta, y tú cerrándole la puerta en las narices con un 410. Una fantasía.
Por eso, quiero que veas este vídeo. Porque no me lo he inventado todo para venderte la moto. Es real, es útil, y puede salvarte de perder ventas sin darte cuenta:
Búscale una solución cuanto antes. O al menos, preocúpate por entender qué está pasando bajo el capó de tu web. Porque ese código 410, esa palabrita que parece inocente, puede ser la diferencia entre generar confianza… o parecer un sitio abandonado hace diez años.
¿Tu web habla en chino mandarín cuando debería estar vendiendo?
Si estás hasta las narices de errores en tu web, si no quieres más páginas fantasma que asusten a Google, y si quieres un sitio que trabaje 24/7 por ti (y no contra ti), escríbeme. Trabajo con negocios locales que quieren tomarse Internet en serio. Que saben que su web no puede ser una caja de sorpresas, sino un escaparate que convenza, que retenga y que venda.
Dime qué necesitas. Lo ordenamos. Lo arreglamos. Y dejamos esos códigos 410 donde deben estar: en la papelera de la historia.
¿Nos ponemos con ello hoy?
