Si has llegado hasta aquí, es porque algo ha fallado. Sí, como cuando pides una caña y te la sirven caliente. No esperas eso, y sin embargo ahí estás, dándole vueltas. Pues en el mundo digital pasa lo mismo. A veces haces clic con toda la ilusión y… ¡error 400! ¡Zasca!
Cuando el servidor te dice que no entiende ni jota
Ese mensaje de «Petición incorrecta» o, como suena en inglés, «Bad Request», es como si el servidor se encogiera de hombros y te dijera: «No sé qué narices me estás pidiendo, tío». Es decir, tu navegador ha mandado una solicitud tan enrevesada o mal redactada, que el pobre servidor se ha hecho un nudo mental.
Esto puede ocurrir cuando hay errores en la sintaxis de la URL, problemas con las cookies, o incluso porque el formulario que has enviado estaba incompleto, mal rellenado o corrupto. Como cuando le mandas un WhatsApp a tu cuñado borracho y ni tú mismo sabes qué has escrito.
Y sí, a veces somos nosotros los culpables —como cuando intentamos hacer de técnicos sin haber leído un triste tutorial en condiciones— pero, en ocasiones, también puede ser culpa del sitio web en sí. Que nadie está libre de pecado, oye.
Vale, ¿y cómo lo soluciono sin invocar al espíritu de un programador?
No necesitas ser ingeniero para intentar poner esto en marcha. Aquí van unos pasos sencillitos para que no acabes lanzando el portátil por la ventana:
- Recarga la página. Así de simple. A veces el error es más cabezota que permanente. Pulsa F5, cruza los dedos y espera.
- Borra las cookies. Las famosas galletitas del navegador a veces se ponen rancias. Límpialas desde la configuración de tu navegador y vuelve a intentarlo.
- Mira bien la URL. Un carácter mal puesto y el servidor ya no sabe qué hacer contigo. Revisa que esté todo perfecto y sin símbolos raros de por medio.
- Cambia de navegador. Algunos tienen más manías que un gato siamés. Prueba con otro y puede que la cosa pinte mejor.
Y si a pesar de todo sigue igual, siempre puedes visitar el sitio oficial de Mozilla donde explican el error 400 como si fueran tu profesor de primero explicándote que la ‘m’ antes de la ‘b’… ¡no se toca!
La importancia de no parecer torpe delante de tus clientes
Si tienes una web, y tus visitantes se topan con errores del tipo 400, puede parecer que estás vendiendo pan duro. Que no cuidas los detalles. Y aunque tú sepas que no es culpa tuya, para el usuario es como si le hubieses cerrado la puerta en las narices.
Si tienes formularios de contacto que fallan o páginas que lanzan el mensaje de error más antipático del siglo, esa visita no vuelve. ¿Qué harías tú si te meten en un callejón y encima no hay salida? Pues lo mismo. La gente se larga.
Y esto no es solo un problema técnico. Es que estás dejando dinero sobre la mesa. Por eso, además de cuidar el copy, las imágenes y todo lo demás, tienes que asegurarte que todo funcione como un reloj suizo. Y si no sabes cómo, pide ayuda. A tiempo. Que por mucho que lo intentes, tú no eres un servidor web… ¡eres persona, leche!
Que no te vuelva a pasar
Lo importante no es solo entender qué ha pasado, sino saber cómo evitar que se repita. Que no te confíes, o el error 400 volverá más rápido que un mensajero con prisa. Manten tu sitio al día, configura todo con sentido común y, si tienes dudas, acude al panel de desarrolladores de Google para revisar qué narices está pasando.
Y ya que estamos, aquí tienes un vídeo que lo explica de forma campechana. Dale al play, y mientras lo ves, ponte una cerveza si quieres:
¿Tienes una tienda online? ¿Una web corporativa? ¿Algo que manda formularios a todas horas? Entonces plantéate revisar todo esto antes de que tus clientes desesperen y se vayan con el primero que les carga la página sin errores.
Y si estás por aquí, cerquita, en nuestra tierra, y necesitas echar mano de alguien que te entienda sin hablar informática como si fuese latín, ya sabes dónde estamos. Escríbenos hoy mismo y deja que nos ocupemos nosotros de arreglar el desaguisado. Que para eso estamos. Tú a lo tuyo, y lo técnico… ¡déjalo en nuestras manos!
