Abres la app, ves vidas perfectas, desayunos de hotel, cuerpos sin una gota de celulitis, frases motivadoras… y una parte de ti piensa que tu vida es una patata fría. Pero bueno, tú sigues ahí, haciendo scroll con el pulgar mientras se te enfría el café. Porque algo tiene esta red social que engancha más que los anacardos cuando prometes comerte solo uno.
La trampa elegante del postureo
Ese mundo paralelo donde todo el mundo sonríe, hace yoga en terrazas con vistas al mar y los negocios online facturan millones mientras tú aún estás intentando que tu madre entienda lo que haces. Lo curioso es que todos fingimos no creérnoslo, pero todos jugamos a lo mismo. ¿No es un poco enfermizo?
Mostrar solo el lado bonito, sin ojeras ni discusiones con tu pareja. Compartir solo cuando te va bien, como si la vida fuese una montaña de likes. Ah, y por supuesto, los hashtags: #VidaPerfecta #EmprendeSinMiedo #YaNoTrabajoParaNadie. Suena divertido, pero acaba siendo un desfile de disfraces emocionales.
Lo que de verdad conecta (y vende)
Te lo digo claro: si quieres atraer clientes que pagan, no intentes parecerte al influencer de turno. Aprende de ellos, sí. Pero no juegues a ser lo que no eres. Porque donde otros enseñan su éxito, tú puedes enseñar tu historia. Y eso, amigo mío, sí que no se copia.
La gente no quiere perfección. Quiere piel. Quiere errores. Quiere humanidad. Así que en lugar de obsesionarte con el filtro más bonito, preocúpate de ser brutalmente honesto. Eso resuena, eso convence, y eso te diferencia del rebaño.
¿Eres coach? ¿Tienes una tienda online? ¿Vendes servicios? No importa. El truco está en mostrar las tripas, no solo el escaparate. Y si encima eres capaz de contarlo con un poco de gracia, mejor todavía.
Un ejemplo real (y en movimiento)
Para que lo veas con tus propios ojos, aquí te dejo un vídeo real que ejemplifica lo que te cuento. No hay apps mágicas aquí, ni cursos de gurús por 997€, solo autenticidad:
¿Ves la diferencia? No se trata de gritar, sino de contar bien lo que haces y por qué lo haces. Puedes aprender más sobre cómo hacerlo en la web oficial de la plataforma, aunque ya te aviso que ahí no te van a hablar de tripas ni de momentos jodidos. Por eso estás aquí.
Ciérralo como los valientes
Y ahora que sabes todo esto, ¿qué vas a hacer? ¿Seguir subiendo fotos de tu taza de café con frases que da vergüenza leer o empezar a usar esa red social para conectar de verdad, para vender sin parecer un robot y para construir algo que te haga sentir orgullo de enseñar?
Si estás en España y quieres ayuda para aprender a comunicar lo que haces sin vergüenza, sin postureo barato y con gancho, me puedes escribir. Pero solo si te atreves a dejar de posar para empezar a impactar. Por lo demás, tú decides: o sigues jugando a parecer perfecto… o te pones serio con esto.
