Estás ahí, deslizando como un poseso con el pulgar. No hay marcha atrás. Has caído, como todos, en el pozo visual más profundo que ha inventado este siglo. No se llama televisión ni Netflix. Se llama la fábrica de apariencias. Una ventana al mundo en la que todo parece más brillante, más guapo, más rico y más feliz. ¿La has adivinado? Yo sé que sí.
Si ese mundo hecho de likes, filtros y egos multiplicados fuese un lugar físico, sería tan ficticio como un decorado de película. Pero vaya si engancha. Es como un cóctel con sabor dulce y aguijón final. Y tú vuelves a por otro trago.
¿Por qué seguimos enganchados a esto?
Por una razón sencilla: nos encanta mirar vidas mejor que la nuestra aunque sepamos que son mentira. Lo sabes tú y lo sé yo. Pero ahí estamos, día sí y día también, consumiendo vídeos absurdos, frases motivadoras de gente que no ha madrugado en meses y tutoriales de maquillaje que dan miedo.
Esto no va solo de postureo, ojo. También hay quienes han sabido aprovechar el tirón para crear negocio. Mientras tú decides en qué filtro te ves menos feo, hay gente que vende cursos, ropa, viajes, recetas y hasta su alma en esta red social. Algunos son más listos y lo petan. Otros lo intentan y solo petan el móvil.
Por si aún no lo tienes claro sobre qué estoy hablando —aunque lo sabes desde que empezaste a leer— te dejo aquí una muestra:
Cómo tragarse el humo sin atragantarse
No todo tiene por qué ser postureo vacío. La clave está en cómo lo usas. Puedes estar dentro sin que el humo te nuble la vista. ¿Cómo? Aquí van un par de verdades como puños:
- No sigas a quien te hace sentir una mierdecilla.
- Si vas a mostrar tu vida, que sea la tuya. No un catálogo de Ikea con vistas a Bali.
- Usa esta red para generar negocio, marca personal o relaciones reales, no solo para fingir que comes aguacate a diario.
- Entiende cómo funciona el algoritmo, o serás simple comida para scroll compulsivo.
Los que mejor viven de esto saben que una imagen tiene poder, sí, pero acompañada de una buena historia tiene aún más. Y por historia, no me refiero a esos 15 segundos de tu desayuno con fondo chill-hop.
¿Y tú qué pintas en todo esto?
Puede que tengas un negocio, una marca, o simplemente quieras dejar de sentirte un muñeco entre filtros. En cualquier caso, vale la pena que te replantees cómo usas esta maraña hipnótica. Puedes quedarte en el papel de consumidor pasivo o sacar partido a toda esta película.
No te estoy diciendo que vendas un curso de cómo hacerte millonario en tres clics. Te digo que quizás tú también tienes algo que contar, algo que puede interesar, algo que inspire o divierta a otros. Y eso, amigo mío, tiene más valor que los seis abdominales con los que te fustigas cada noche.
Deja de comerte el coco, porque aquí pocos muestran la realidad. Y si tú lo haces, en un mar de duplicados vanos, vas a destacar como un faro en la niebla. Así de claro.
Si estás por aquí cerca…
Y con cerca me refiero a que respires el mismo aire que yo y te tomes un café bueno, no ese potingue de cápsulas carísimas, te invito a que hablemos. Puede que tu proyecto tenga hueco en esta red ruidosa. Puede que tu marca esté pidiendo a gritos que alguien la saque del cajón. O simplemente puede que quieras dejar de gastar tiempo y empezar a invertirlo.
Lánzate. Escríbeme. Que no te dé vergüenza. Total, si ya haces stories con cara de pato, esto no puede ser peor, ¿no?
