Llámalo postureo, pero es tu mejor escaparate

Te guste más o menos, vivimos en un escaparate permanente. Eso que antes hacías por la calle, de reojo y sin levantar sospechas, ahora lo haces en silencio, en vertical y con el dedo pulgar. Lo llaman redes, pero en realidad son los nuevos juzgados de la plaza. Y ahí, en el centro de todo, está esa app cuadrada con colores chillones que sabe más de ti que tu madre: Instagram.

Si no estás ahí, no existes (o eso dicen)

Vamos a dejarnos de tonterías. Puede que aún tengas reticencias, que te parezca superficial o que digas eso de “yo no necesito eso para vender”. Perfecto. Pero mientras sigues pensando eso, otros se están llevando tu trozo de pastel. Porque sí, ahora el escaparate no está en la calle. Está en el móvil.

Y ahí dentro, una imagen vale más que mil anuncios. Instagram no es solo para adolescentes con filtros y abdominales marcados; es un canal brutal para conectar con clientes, despertar el interés y, por qué no decirlo, cerrar ventas como quien reparte caramelos en una cabalgata. Eso sí, hay que saber hacerlo. No vale subir cuatro fotos mal hechas y esperar que el mundo te aplauda.

¿Quieres que te vean? Entonces hazte ver. Pero no a cualquier precio. Nada de postureo sin sentido ni frases vacías copiadas de una taza de desayuno. Las personas queremos verdad, cercanía, algo que nos remueva. Y sí, eso puede (y debe) hacerse en Instagram, pero con inteligencia.

Cómo usarlo sin parecer desesperado (sí, se nota)

El problema de muchos negocios es que usan Instagram como si fueran un megáfono de feria. Solo hablan de ellos, todo el rato. Foto de producto. Frase motivadora. Repetir. ¿Te suena? Pues eso ya no funciona. O al menos no si quieres resultados.

Para destacar, tienes que tener algo que decir. Y no cualquier cosa, algo que interese, que conecte. Piensa en tu cliente, no en ti. ¿Qué le preocupa? ¿Qué busca? ¿Qué le hace sonreír o apretar los dientes? Parte de ahí. Y luego, cuenta historias. Historias pequeñas, humanas, reales. Las que dejan huella.

Aquí te dejo un vídeo que lo clava. Míralo con calma, no te va a dejar indiferente:

¿Ves a lo que me refiero? Ese tipo de publicaciones no solo impactan, también conectan. Y si conectas, vendes. Así de simple. Aunque no te lo creas.

El algoritmo no es tu enemigo (pero tampoco es tu colega)

Otra excusa muy habitual: “Es que no salgo en el feed de nadie, el algoritmo me tiene manía”. Claro, claro… y yo soy el rey de Inglaterra. Mira, el algoritmo solo quiere una cosa: que la gente se quede dentro de la plataforma. Punto. Si tu contenido ayuda a eso, te premia. Si no, te entierra. Tan sencillo y brutal como eso.

Entonces, deja de pelear con él y empieza a jugar con sus reglas. Publica con constancia, cuida el contenido, responde a los comentarios, usa los reels y las historias, sé tú mismo pero pensando siempre en el que tienes al otro lado de la pantalla.

¿Sabías que ahora puedes incluso consultar las métricas oficiales de cada publicación desde tu perfil profesional?

Ahí tienes una mina de oro. Analiza, testa, cambia. Pero hazlo. No lo dejes en manos del azar porque, spoiler: no funciona.

Por si vas un paso más allá, échale un ojo también a esta fuente oficial de ayuda para negocios, que recoge todo lo que necesitas saber para sacarle partido a esta red sin perder los nervios ni la cuenta.

¿Y ahora qué?

Ahora es el momento de hacer limpieza de tonterías, de filtros que no aportan y frases que suenan a anuncio de champú. Si tienes un negocio y no estás aprovechando Instagram como deberías, estás perdiendo dinero.

No te digo que lo conviertas en tu única vía de promoción, pero sí que le dediques atención. Y si no sabes por dónde empezar, para eso estamos. Nosotros no vendemos humo, vendemos resultados reales con estrategia y buen contenido.

¿Tienes un negocio local y quieres que te encuentren de verdad? Escríbenos y le damos la vuelta a tu perfil. No necesitas cien mil seguidores, necesitas visibilidad y conexión con los que importan: tus clientes.

Haz que te vean, pero sobre todo, haz que te elijan. Y eso empieza por contar bien lo que haces… en el sitio donde todos están mirando ahora mismo.

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