Si estás harto de subir fotos para ver cuántos likes consigues mientras tu competencia se lleva el gato al agua con cada publicación que hace, entonces este artículo te va a venir de perlas. Aquí vamos a hablar de cómo dejar de jugar al postureo y empezar a usar esa red social llena de selfies para que te dé **resultados de verdad**. Porque sí, se puede, pero no como crees.
Primero: deja de seguir a la competencia y empieza a estudiarla
Muchos se pasan el día viendo lo que hacen otros, pero sin entender el por qué. No se trata de copiar el carrete de tu competencia, se trata de analizar qué les funciona y por qué. ¿Has visto que cada vez que lanzan algo nuevo consiguen una avalancha de comentarios y compartidos? No es casualidad. Es estrategia. Y tú también puedes hacerlo. Pero necesitas saber qué quiere tu público, no qué te gusta a ti publicar.
Una buena forma de empezar es bucear en herramientas que miden la actividad, el alcance y la interacción. No hace falta que te pongas técnico, pero sí **necesitas saber si estás hablando solo o la gente te está escuchando**. Te dejo aquí el enlace a la herramienta oficial de Instagram para empresas, que puede abrirte los ojos como dos piscinas olímpicas.
Haz contenido que parezca improvisado… pero no lo sea
La clave está en que parezca que haces las cosas por inspiración divina y no porque detrás hay una estrategia digna de un reloj suizo. El mejor contenido muchas veces nace del día a día, sí, pero si no sabes cómo contar lo que haces, da igual que esté ocurriendo algo interesantísimo a tu alrededor. Aprender a contar lo cotidiano sin que parezca aburrido es un arte. Y se entrena.
Un truco muy simple: habla como le hablas a un amigo cuando le cuentas esa anécdota del trabajo que siempre le hace reír. Así, igual de directo, igual de natural. Y no te olvides de usar **llamadas a la acción claras**. Si quieres que te escriban… ¡díselo! Si quieres que compartan el vídeo… ¡pídelo, hombre!
Tu historia de marca vale más que mil filtros
Las fotos bonitas están bien. Los vídeos estéticamente cuidados, también. Pero a estas alturas, la gente ya ha visto muchos amaneceres con tazas de café. Lo que la gente quiere es conectar, entender por qué hiciste lo que hiciste, saber si detrás de esa sonrisa en la foto hay una historia que contar. Porque si conectan contigo, confiarán en ti. Y si confían en ti, te compran. Así funciona el juego.
Humaniza tu marca. Enseña los aciertos… y los errores. El éxito a veces genera rechazo. Pero el aprendizaje desde la realidad engancha como el primer capítulo de una buena serie. Y eso es exactamente lo que necesitas: que te sigan esperando el siguiente episodio.
Y si ahora te estás preguntando, «¿De verdad con esto puedo conseguir clientes?», te digo: **sí, claro que puedes, pero solo si dejas de bailar por likes y empiezas a bailar por resultados.**
¿Quieres darle una vuelta a tu presencia online y hacer que tu perfil cuente lo que realmente vendes (y no solo lo que pareces)? Perfecto, pues habla conmigo. Trabajo con negocios locales que están hasta las narices de seguir a gurús digitales y que quieren dejar de perder el tiempo y empezar a vender. Estás a un correo de hacerlo. Vamos a poner tu Instagram a trabajar para ti, no al revés.
