La red que te observa mientras finges no buscar atención

Sabes que entras a echar un vistazo rápido y pasan dos horas. Lo niegas, pero Instagram ha conseguido algo retorcidamente brillante: hacerte sentir que el tiempo perdido es parte del juego. Bienvenidos al escaparate donde todos vivimos de alquiler emocional.

La mentira bonita que nos contamos todos

Dicen que lo usamos para inspirarnos, para aprender, para descubrir cosas nuevas. Pero vamos, no nos engañemos: entras a Instagram y acabas comparándote con desconocidos, sintiéndote menos guapo que un filtro y menos productivo que alguien que sube cinco reels diarios con tips que nadie pidió.

Es un mundo donde todo está medido, donde los likes son el nuevo salario emocional, y los comentarios, la palmadita en la espalda de quienes también arrastran sus inseguridades con buen encuadre y brillo suave. Y ahí estás tú, pensando si subir o no esa foto del café que te costó más que llenar el depósito.

Vale, ahora hablemos en serio: ¿sirve para algo?

No todo es postureo, hay que decirlo. Si tienes un negocio, si sabes contar historias o si vendes algo —tú, tu tiempo, tu arte o tus ideas—, tener presencia en esta plataforma es como tener permiso para entrar a la fiesta buena. Eso sí, si no sabes jugar el juego, te quedas mirando desde la ventana mientras otros bailan con tu público.

Los reels, las colaboraciones, las publicaciones interactivas… todo eso puede ser una maravilla si sabes cómo funciona el algoritmo sin dejar que el algoritmo funcione sobre ti. ¿Quieres realmente sacarle partido? Entonces necesitas entender una cosa: esto no va de seguidores, va de atención. Y la atención, amigo mío, es la nueva moneda de cambio.

Aquí puedes cotillear cómo pretende Instagram cambiarte la vida (o al menos el feed) si te va el rollo técnico.

No te emociones, que esto quema

Está muy bien montarte una estrategia, usar hashtags decentes, cuidar tu identidad visual y planificar tus publicaciones como quien organiza una boda. Pero no olvides esto: Instagram no es tuyo. Mañana cambia el orden de los factores y tu presencia se va al traste. Por eso, además de jugar dentro, aprende a sacar a la gente fuera. Llévalos a tu web, a tu newsletter, donde tú marques el ritmo. Porque una red social no es tu casa, es una discoteca en la que te dejan bailar… hasta que te apagan la música.

Y hablando de música, aquí te dejo un reel que lo dice todo sin decir nada, perfecto ejemplo del ecosistema en el que vivimos. Disfrútalo (o sufre con estilo):

¿Y todo esto para qué?

Para que abras los ojos. Para que uses la plataforma como una herramienta, no como una camisa de fuerza emocional. Ya está bien de ser esclavos del dedito que desliza y de la aprobación que no necesitamos. Si eres un profesional, un comercio local o alguien que tiene algo que decir, no te escondas. Aprende a mostrar lo que vale sin mendigar atención. Y si no sabes cómo, te echo una mano.

Como siempre, Meta te promete mundos mejores, aunque tú solo quieras más alcance.

¿Tienes un negocio y estás enredado en esto de las redes? Pues igual va siendo hora de que te sientes con alguien que no solo sube fotos bonitas, sino que entiende cómo convertir visitas en clientes. Si estás por aquí cerca y crees que se puede hacer algo con esa cuenta olvidada o con ese perfil que no despega, háblame. Lo mismo podemos darle la vuelta al asunto sin necesidad de filtros.

No es magia. Es estrategia con un toque canalla.

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