Cuando la tecnología se cabrea contigo y no sabes por qué

¿Sabes ese momento en el que vas con prisas, te sientas frente al ordenador, tecleas algo que esperas que funcione y ¡zasca!, te suelta un error con cara de pocos amigos? Pues eso. Hoy vamos a hablar precisamente de un maldito quebradero de cabeza que se llama error 400, o como lo llamaría mi abuela: «¡Qué demonios es esto y por qué no va!».

El mensaje que nadie quiere ver en pantalla

Te lo voy a pintar clarito: el error 400 es como si fueras a la oficina de correos con un paquete mal cerrado, sin remitente y con la dirección a medio escribir. El pobre funcionario (en este caso, tu navegador) te mira con cara de «mira, por aquí no vamos a pasar». Pues eso: el servidor no entiende ni papa de lo que le estás pidiendo.

Y claro, tú te mosqueas, el cliente se pone nervioso, y empieza a formarse una bola de esas que acaban en: «¿dónde narices está el informático ese que nos cobra un dineral por no arreglar nada?». Pero espera, no hace falta prender fuego al servidor todavía. Vamos a meter las manos en el barro y ver cómo evitar esta fiesta de frustración tecnológica.

Las causas más comunes del fatídico error

Mira, aquí no hay magia negra, aunque lo parezca. Cuando aparece este maldito mensaje, suele deberse a cosas bastante terrenales:

  • URL mal formada: Si has tecleado un enlace como si lo hubiera escrito un gato encima del teclado, normal que no funcione.
  • Cookies corruptas: Sí, esas pequeñas galletitas digitales a veces se ponen rancias y lo lían todo.
  • Archivos demasiado grandes: Algunos formularios se quedan cortos de paciencia si les mandas medio disco duro de golpe.
  • Problemas del cliente, no del servidor: En este caso, tú eres el problemático. O mejor dicho, tu navegador.

Así que, antes de maldecir a la tecnología y patear la torre del ordenador, respira, cuenta hasta diez y revisa estas cositas. A veces con borrar la caché, encender el modo incógnito o revisar que no has puesto «htppps://» en vez de «https://» ya tienes media batalla ganada.

¿Y si la cosa se pone seria?

Vale, has probado todo lo básico y aun así el puñetero error sigue saliendo como si tuviera algo personal contra ti. Entonces toca subir un escalón. Y aquí es donde los manitas digitales le dan el codazo al teclado con cara de «déjamelo a mí».

Quizás necesites comprobar los headers que estás mandando (vamos, la carta de presentación de tu petición). O igual necesitas echar un ojo con Postman, revisar si hay alguna directiva caprichosa en las especificaciones HTTP, o incluso hablar directamente con el servidor como si fuese tu colega de toda la vida. A veces la cosa es sencilla, pero necesitas saber el idioma adecuado. Y oye, si no lo hablas, no pasa nada. Para eso estamos los que pasamos más tiempo con código que con personas.

Y ahora, por favor, no te lo pierdas. Si eres de los que prefieren que te lo cuenten mientras ves y escuchas, aquí te dejo un vídeo que te lo explica con claridad y sin tapujos. Dale al play sin miedo (tranqui, no tendrás que salir de esta página):

¿Problemas con tu web? Mejor llámanos antes de que explote algo

Esto no va de heroicidades. Puedes pegarte tres horas buscando el error, probando soluciones aleatorias y acabando peor que empezaste… o puedes llamar a alguien que ya ha visto todas las versiones posibles del dichoso mensaje. Si tienes una empresa local, una tienda online, o simplemente quieres que tu web funcione como dios manda, echa un vistazo a lo que te ofrecemos. No vendemos humo. Arreglamos marrones. Y punto.

Aquí tienes además una buena explicación sobre cómo funcionan las peticiones del navegador, por si quieres empaparte de teoría.

Y si estás hasta el moño del error, necesitas que alguien le dé una patada profesional al sistema y quieres soluciones sin postureo, ya sabes dónde encontrarnos. Llámanos, danos los datos y déjanos a nosotros pelear con los demonios digitales. Que tú bastante tienes ya con hacer que tu negocio tire para adelante.

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