Esa red social donde todos parecen más felices que tú (pero no te lo creas tanto)

¿No te pasa que entras a esa aplicación con ímpetu, con ganas de buscar inspiración o matar un rato, y sales sintiéndote como una patata sin pelar viendo cómo el resto del mundo vive en películas de Wes Anderson? Pues bienvenido al club de los que saben que, tras cada foto perfecta, hay trescientas tomas fallidas y un filtro que ni el mejor dermatólogo.

La trastienda de lo aparente

Lo que más gracia me hace de las redes sociales no es la gente enseñando su desayuno con chía ni sus piernas cruzadas frente a un mar turquesa. Lo que me hace reír (cuando no me frustra) es ver cómo muchos negocios se meten en esa red social como si fuera un mercadillo de confianza, sin tener ni idea de cómo funciona el algoritmo ese que decide si sales o no sales en el baile digital.

Porque sí, hay que decirlo claro: no se trata solo de subir fotos bonitas o vídeos con canciones pegadizas. Si tienes un negocio y estás en esta red para crecer, más te vale entender cómo funcionan las cosas, qué tipo de contenido busca tu cliente y cómo puedes destacar sin parecer una copia mala de otro que ya lo hace bien.

Por ejemplo, ¿tu cuenta refleja lo que vendes o pareces una cuenta personal de alguien que no tiene claro a qué se dedica? Porque eso también se nota. Y se nota a la legua. Trabajar tu imagen digital no es postureo, es estrategia. Y si lo haces bien, se nota en los pedidos, en los mensajes y en el ruido que creas a tu alrededor (del bueno, no del que molesta).

Cuidado con parecer perfecto… sin serlo

El problema es que muchos piensan que para que funcione su perfil hay que parecer perfectos, y lo que no saben es que la gente ya está harta de cuentas que son como figuritas de porcelana. Lo que conecta, lo que vende y lo que fideliza es otra cosa muy distinta: ser tú, pero en versión visible.

Si hablas como un humano y no como un robot aspiracional que repite frases de autoayuda recicladas, lo mismo conectas con alguien. Si muestras el proceso, los errores y el día a día con gracia y sin intentar copiar fórmulas vacías, quizá te empiece a seguir gente que quiere lo que tú vendes. Así es como se gana terreno en ese mar de perfectos irreales que inundan la parrilla digital.

Y si quieres tener pistas reales de cómo se hace bien, el siguiente vídeo (además de ser canela fina) tiene un ejemplo tan real como divertido de cómo hacer las cosas con gracia y autenticidad:

¿Te das cuenta de la diferencia entre gustar y estar? Pues eso. Que no es lo mismo tener likes de compromiso que seguidores que se convierten en clientes. Y eso, aunque lo digan suave por ahí, empieza por currarte el contenido y no limitarte a poner una frase bonita sobre una foto sin gracia.

Y ahora, haz algo con esto (venga, que se te nota con ganas)

Si has llegado hasta aquí es porque, de una forma u otra, sabes que puedes sacarle más chicha a esa red. No se trata de volverse influencer, se trata de que más gente sepa lo que haces y, si puede ser, que quieran comprarlo. Así que ponte manos a la obra, o deja que alguien que sabe te eche un cable.

Haz limpieza, revisa lo que subes, cuida lo que dices y ten claro que aquí tienes la herramienta, pero la estrategia es cosa tuya. También te puede venir bien echar un ojo a esta guía oficial para negocios si quieres empezar con buen pie.

Y oye, si estás en la zona y buscas ayuda de carne y hueso, alguien que mire contigo tu perfil y te diga la verdad aunque escueza un poco, escríbeme. Me gusta ayudar a los negocios de aquí, de los que no juegan a parecer algo que no son. Los que curran cada día y merecen que se les vea. Nos tomamos un café y lo hablamos si quieres. Pero no tardes mucho, que mañana están todos con el nuevo reto viral y tú sin subir nada desde Navidad…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio