Hazte oír aunque el ruido sea ensordecedor

Hoy, si no estás en el lugar donde todos miran, es como si fueses invisible. Y no hablo de tener presencia, hablo de romper la pantalla, dejar huella, de que la gente te vea —pero de verdad— no solo te pase de largo como quien ve un cartel de la ONCE. Sí, me refiero a esa red social que (aunque muchos nieguen en voz alta) revisan mientras fingen leer un correo importante.

El escaparate más brillante… y más saturado del planeta

Hace años bastaba con subir una foto bonita. Ahora, si no emocionas, entretienes o haces pensar, eres uno más haciendo scroll en la mediocridad. Porque sí, a Instagram le ha salido barba. Ya no vale solo lo visual, hace falta estrategia, autenticidad y una chispa que prenda fuego al aburrimiento de quienes lo ven todo pero apenas se quedan con algo.

Las marcas que lo petan aquí no son necesariamente las que tienen más presupuesto. Son las que entienden que cada publicación es un disparo, y la gente sólo recuerda los tiros que suenan fuerte. ¿Quieres que recuerden el tuyo? Entonces olvídate del postureo barato y empieza a contar lo que nadie se atreve. Muestra lo que haces como nadie más lo hace. Y no, “muy profesional” no es sinónimo de “aburrido”.

No te hace falta ser influencer, solo ser influyente

El secreto no está en cuántos seguidores tienes. Está en cuántas personas te escuchan de verdad. Todos somos microemisores de contenido y, si juegas bien tus cartas, puedes tener más impacto que perfumes carísimos anunciados por famosos insípidos.

La clave está en la consistencia, en los valores, en pensar antes de publicar: «¿esto aporta o solo relleno mi feed por miedo a que no me olviden?». Demuestra que tras cada publicación hay una cabeza, un alma y un objetivo. Gánate la atención porque te la mereces, no porque grites más que el resto.

¿Quieres saber cómo se hace bien de verdad?

Mira esto:

Ahí lo tienes. Sencillo, directo, y con una historia que se mete en la cabeza como una buena canción. Eso es lo que engancha. Eso es lo que convierte espectadores en clientes, y clientes en embajadores de lo que haces.

¿Te preguntas cómo puedes aplicar estos principios tú? Empieza filtrando lo que publicas. No publiques por publicar. Tus imágenes y textos deben decir “esto no lo encuentras en ningún otro lado”. Y si no sabes por dónde empezar, mira lo que funciona: esta página oficial de Instagram tiene algunos ejemplos útiles.

Haz un calendario de publicaciones que no sea un castigo sino un plan motivador. Crea contenido que responda preguntas reales, resuelva problemas simples y muestre tu esencia —sin filtros, sin miedos, y con mucha actitud.

¿Sientes que podrías hacerlo mejor pero el tiempo se te va? ¿Te gustaría que alguien con el morro fino y sin pelos en la lengua te diga cómo destacar entre tanto ruido?

Cierra el móvil, ponte en marcha y deja que te noten

No estás solo. Si necesitas una mano amiga (de esas que aprietan como un buen apretón, no de las flojas que resbalan), aquí estoy. Trabajo con personas que no se conforman con pasar desapercibidas. Gente que quiere aprovechar cada red como debe ser: no para perder tiempo, sino para ganarlo (en forma de visibilidad, clientes y ventas).

Si eres de por aquí cerca o estás harto de que tu negocio sea bueno pero pase como uno más, escríbeme. No voy a maquillarte las publicaciones, voy a enseñarte cómo encenderlas. Porque cuando uno conecta de verdad, no necesita efectos especiales. Solo ser claro, valiente y distinto.

¿Te atreves?

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