Lo que nadie se atreve a decir sobre las redes que dominan tu día a día

Vamos a hablar claro. Hay días que te levantas, abres el móvil y pum, ahí está: una avalancha de vidas perfectas, filtros que rozan lo ofensivo y hashtags que ya no sabes si son en serio o una sátira involuntaria. Si estás leyendo esto y piensas “eso es solo postureo”, enhorabuena, tienes un cerebro. Pero, ojo, porque aquí no vamos a criticarlas por vicio. Vamos a destripar lo que realmente hay detrás de todo ese escaparate visual que da más envidia que el buen tiempo en Málaga.

¿Por qué no puedes dejar de deslizar?

Puede que no publiques ni una foto al mes, pero pasas más rato mirando historias ajenas que hablando con tu vecino. No es casualidad. Las redes están diseñadas para ser adictivas como una máquina tragaperras. Cada like, cada reacción, cada seguidor nuevo, es una palmadita emocional. Un chute de dopamina camuflado en forma de corazón.

Y sí, aunque no lo digas, te corroe esa mezcla de admiración y rabia cuando ves a alguien marcándose un baile viral mientras tú estás en casa con el chándal con bolitas. Pero tranquilo, no estás solo. Según la propia plataforma, hay más de 2.000 millones de usuarios activos al mes dándole al scroll. ¡Como para que no te de FOMO!

De escaparate a escaparate: la tienda también eres tú

Antes mirábamos los escaparates de las tiendas, ahora son las stories y los reels. Pero ojito, porque la mercancía somos nosotros. Vendemos nuestra vida a trocitos, bien editada y pasada por un par de filtros. ¿Lo bueno? Puedes construir una marca personal, mostrar lo que haces y conectar con gente de todo el mundo. ¿Lo malo? Que si no cuidas lo que enseñas, acabas siendo un clon más.

Has oído hablar del famoso algoritmo, ¿verdad? Ese ser invisible que decide si lo que subes merece la pena o va directo a la invisibilidad. Pues bien, ese algoritmo premia el contenido que genera interacciones a lo bestia. Más que compartir fotos bonitas, lo que se lleva ahora es mover emociones. Así que si vas a subir algo, que diga algo. Nos sobran fotos de cafés planos y pies sobre la arena.

No basta con estar: hay que destacar

Si tienes un negocio y aún no te has dignado a tomarte en serio tu presencia digital, voy a decírtelo sin anestesia: estás regalando dinero a tu competencia. Porque hay empresas que se están forrando gracias a sus publicaciones, a sus reels bien hechos y a su forma de contar historias.

No necesitas ser influencer, necesitas ser influyente para los que te pueden comprar. Si lo haces bien, esa red social puede ser tu mejor escaparate. Si no, es como tener una tienda abierta pero con las luces apagadas.

Y ya que estamos hablando de hacer las cosas bien, echa un vistazo a este reel potente que lo dice todo sin decir demasiado:

Buen ritmo, mensaje claro, estética cuidada. Una joyita de las que funcionan. Toma nota.

Deja de mirar y empieza a jugar

Ya va siendo hora de que dejes de ser un espectador y empieces a usar las redes como lo que deberían ser: una herramienta con propósito. Cuenta lo que haces, muestra el proceso, comparte errores (eso también engancha). Nadie quiere perfección, quieren realidad con un poco de gracia.

Y si todo esto te suena a chino o simplemente no quieres liarte la manta a la cabeza, entonces busca a alguien que lo haga por ti. Porque fuera bromas, cada día que no comunicas, te haces un poco más invisible. Y en internet eso es casi lo mismo que estar muerto.

¿Tienes un negocio local y te gustaría que te vean como un referente en tu zona? Pues deja de ver cómo los demás se llevan la atención y empieza a construir tu presencia digital. Hace falta muy poco para empezar, solo ganas y saber a quién llamar.

¿Nos sentamos y te cuento cómo? Escríbeme. La visibilidad no se improvisa, se diseña.

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