Estás ahí, deslizando con el dedo como quien busca respuestas en el fondo de una taza de café. Y pasan cosas. Gente que lo peta desde su salón. Tipos que venden más que un mercadillo de domingo solo con una historia de 15 segundos. Y tú mirando. Observando como un búho, mientras tu feed sigue tan vacío como tus ganas de volver a ver otro webinar de «expertos».
Vamos a hablar claro: Instagram (sí, esa jungla visual donde todos son modelos, coaches o influencers) no es solo para posturear con el plato del día. Es una jodida herramienta si sabes usarla. Una máquina de visibilidad, de pasta y de conexión real si aprietas los botones correctos.
La mayoría no tiene ni idea de lo que hace
Y no, no es por falta de filtros. Es por falta de intención. Publican como quien lanza una botella al mar: sin dirección, sin mensaje y, claro, sin resultados. Las redes sociales no perdonan la falta de alma. Puedes subir la foto más bonita del mundo, que si no va con una historia detrás… ni tu madre se la cree.
Si vas a estar en Instagram, hazlo de verdad. Habla con tus seguidores, responde mensajes. Deja de copiar frases inspiradoras con fondos de playa, que ya lo hizo otro antes que tú, y con más estilo. Crea contenido que tenga tu voz. Esa voz que suena como tú. Natural. Imperfecta. Brutalmente honesta.
Lo que funcionaba ayer, hoy te entierra
¿Sabías que el algoritmo actual de Instagram prioriza los vídeos cortos, las interacciones humanas de verdad y el contenido que se comparte? ¿Y tú sigues empeñado en subir fotos con frases de Paulo Coelho? Mira, sé que la intención es buena, pero esto va de estrategia, no de espiritualidad de mercadillo.
Los reels están arrasando, y si no estás ahí, te están barriendo. Y no lo digo yo. Puedes echar un ojo a este reel que lo está reventando ahora mismo en la plataforma. Es fresco, directo, lleno de gancho. Aprende. Inspírate. Y sobre todo, actúa.
¿Has visto cómo te atrapa desde el segundo uno? Eso no es magia. Es estrategia, storytelling y saber lo que la gente quiere ver. Si no sabes por dónde empezar, aquí tienes una guía oficial bastante apañada con buenas prácticas.
Consejos que nadie te da (pero que funcionan)
- Deja de hablar como una marca y empieza a sonar como una persona.
- El mejor contenido no es el más bonito, es el que se comparte.
- No vendas en cada post, enamora primero.
- Responde cada comentario como si fuera tu mejor amigo. O tu cliente ideal.
- Combina humor, verdad y chispa. No seas plano. Lo plano aburre.
Y recuerda algo: en Instagram la atención es limitada, pero la oportunidad no. Cada reel, cada historia, cada publicación puede ser ese click que te lleve de invisible a imparable.
¿Y todo esto para qué?
Para ganar visibilidad, para tener impacto, y sí, también para vender sin tener que pedir perdón por hacerlo. Instagram no es un escaparate, es una conversación. De esas que te cambian el día. O el negocio.
Si estás por aquí, y tienes un negocio, una idea o simplemente ganas de comerte el mundo, no pierdas el tiempo improvisando. Hazlo bien. Hazlo distinto. Y si tienes dudas, el soporte oficial de Instagram está lleno de respuestas (aunque ninguna con tanta mala leche como yo).
Y ahora te dejo una pregunta: ¿vas a seguir subiendo selfies sin alma o vas a empezar a subir contenido que vende sin vergüenzas?
Si tienes un negocio en tu ciudad y estás más perdido que una cabra en un garaje, escríbeme. Que lo que no se comunica, no existe. Y lo que se comunica bien, se vende solo.
