Cuando algo se atasca en internet y no sabes si darle una colleja o pedirle perdón

Estás navegando tan ricamente, tecleando a toda mecha, dándole al clic como si no hubiera un mañana… y de pronto, catacroc. El dichoso mensaje que te dice algo así como: “petición incorrecta” o ese bonito numerito que ya empieza a ser como el vecino pesado: error 400. Y tú, que pensabas que la tecnología era tu amiga, te ves con cara de tonto mirando una pantalla que dice, básicamente: aquí ya no se chupa más internet.

¿Qué demonios ha pasado aquí?

No es que se haya roto internet, tampoco es que el servidor esté de huelga reclamando derechos. Lo más probable es que algo no haya ido bien entre lo que tú has querido hacer y lo que el señor servidor ha entendido. Como cuando pides «una caña fría» y te traen un café templado. El error 400 aparece cuando el servidor no entiende tu petición. Así, sin paños calientes.

¿Posibles culpables? Muchos. Desde una URL mal escrita (sí, a lo mejor esa barra de más tenía más peligro del que creías), una cookie que se ha vuelto loca, o hasta el dichoso navegador, que anda almacenando recuerdos como si fuera el diario de Bridget Jones. También es posible que hayas intentado colarte en una página protegida o que tu app quiera jugar a espías rusos sin permiso.

Y lo peor no es que pase, lo chungo es cuando pasa y no sabes de dónde viene. Ahí es donde empiezas a dar palos de ciego, reiniciar todo compulsivamente y mirar a ver si por lo menos el Spotify sigue funcionando. “Por Dios, ¡que no me fallen también las playlists!”, gritarás desesperado.

Vale, ha salido el error… ¿y qué hago, me echo a llorar?

Tranquilo, no hace falta que recurras aún a la botella de vino (aunque no es mala idea si ya llevas tres cafés). Aquí va la lista de trucos para sobrevivir al famoso error 400 sin perder la cabeza ni la paciencia que te queda:

  • Revisa bien la URL. A veces, el dedo gordo y traicionero añade algún símbolo extraño sin querer.
  • Intenta acceder desde otro navegador o abre una ventana de incógnito. No, no es solo para mirar cosas raras, sirve para muchas cosas útiles.
  • Limpia las cookies y la caché. Sí, igual que limpias el coche solamente cuando va alguien nuevo.
  • Comprueba si el problema está en tu lado o es cosa de la web. Hay herramientas como Is It Down Right Now que te dan el chivatazo.
  • Si estás intentando loguearte en un servicio o hacer una gestión importante, prueba a esperar unos minutos o contacta con el soporte técnico de la web. A veces, están actualizando y tú has llegado justo cuando estaban en bata y zapatillas.

Y si trabajas con formularios, bases de datos o alguna aplicación un poco más compleja, toca revisar también el código del lado del cliente. No es que te estemos diciendo que seas hacker, pero sí que tengas a mano a alguien que sepa del asunto. Un desarrollador. Un friki, vaya. Uno de esos que se emocionan montando servidores en su tiempo libre.

¿Y si este error aparece en mi web? ¿Me está odiando Google?

Ay, amigo. Si tienes una web y el error aparece en tu reino digital, el asunto es más serio. La experiencia del usuario se va por el retrete con cada clic que resulta en un 400. Y ya no hablamos solo de perder una visita, sino de que Google también lo ve. Sí, ese gran hermano invisible que decide si estás en la gloria del primer resultado o enterrado en la página 18.

Una cosa es que falle una página de vez en cuando, y otra muy distinta es que tu sitio sea como una tormenta de errores. Si hay fallos de este tipo, hay que revisarlo todo: scripts, enlaces rotos, sistemas de validación, todo lo que toque formularios o llamadas al servidor. Y, si tienes una tienda online, más aún. Cada error 400 es un carrito abandonado, y eso duele más que una crítica negativa en TripAdvisor.

Si quieres curarte en salud, usa herramientas como Google Search Console para detectar errores de rastreo. No hacen milagros, pero al menos señalan por dónde van los tiros.

De todos modos, si no tienes ni idea de por qué está saliendo este avisito de que algo no chuta, mejor que lo vea un profesional. Uno que no te suelte goulatinos ni palabros raros, sino que te lo arregle con la misma habilidad con la que tu abuela deshace nudos imposibles en los cordones de los zapatos.

No dejes que tu web pierda visitas por algo que se puede arreglar en un rato de técnico espabilado. Aquí lo que cuenta es que tu cliente apriete el botón y reciba lo que esperaba, sin dramas, sin errores fantasmas y sin páginas en blanco.

¿Tienes un negocio local, una tienda online o eres un profesional independiente en tu barrio? Entonces más te vale que todo funcione. Porque en internet, si no estás fino, no existes. Y eso sí que es un error, pero de los gordos.

¿Quieres que le echemos un ojo a tu web? ¿Sospechas que tienes algo más que un simple error 400 escondido entre bastidores? Escríbenos. Te lo dejamos niquelado para que no pierdas ni una venta más.

Y cuidado con lo que tocas, que a veces el error no está en la máquina… está entre el teclado y la silla.

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