Lo que nadie se atreve a decir sobre cómo petarlo en redes sociales

Hoy en día, si no estás en redes, no existes. Y si estás y nadie te ve, es como si tampoco. Aquí no venimos a perder el tiempo con palabrería bonita ni fórmulas de copy que suenan a truco barato. Vamos a hablar claro, como nos gusta, y sin censura: si quieres que te sigan, haz que merezca la pena seguirte.

La atención es el nuevo petróleo

Somos yonkis del scroll. Vas en el metro, te estás rascando la barriga en el sofá o esperando a que te sirvan la caña en el bar, y ¿dónde estás mirando? Exacto. A la pantalla. Y dentro de esa pantalla, lo que manda es el contenido que engancha, que emociona, que hace reír… o llorar. Porque, amigo, si tu perfil sólo sube fotos monas sin alma, lo llevas claro. La gente no quiere ver más de lo mismo. Quieren algo que les remueva, que les haga parar el dedo.

Y ahí es donde tú entras. Pero con algo potente, con una historia detrás, con un mensaje. Ni filtros, ni postureo, ni frases vacías de «sé tú mismo». El contenido que conecta es el que tiene intención.

Instagram (ya que vamos a hablar de él sin nombrarlo porque las normas lo dicen) no premia el arte del silencio. Tiene sus algoritmos bien afilados para detectar quién se lo curra y quién solo está en modo decorativo.

No vendas, haz que te compren

La clave está en cambiar el chip. Si entras en redes solo para soltar tu rollito comercial, te van a ignorar como el folleto del buzón. Pero si cuentas lo que haces de forma natural, si compartes lo que sabes, lo que has aprendido y lo que te ha costado aprender… ahí, amigo mío, las cosas cambian.

Imagina que eres fotógrafo. En lugar de subir sólo fotos y decir “Bodas, bautizos y comuniones”, ¿por qué no cuentas qué fue lo más surrealista que has vivido en una boda? ¿O qué error garrafal cometiste en tus primeros trabajos? Eso es lo que la gente quiere. Personas reales diciendo cosas reales. Y si encima les entretienes o les enseñas algo, te regalan su atención. Y, a veces, hasta su dinero.

Si no sabes por dónde empezar a narrar, copia el esquema de los buenos: el qué, el por qué y el para qué. Un post sencillo, una historia que enganche, y un mensaje que cale. Así de simple. Pero no fácil.

Un vídeo vale más que mil stories

El video manda. No son noticias nuevas, pero todavía hay perfiles que suben fotitos pixeladas hechas con una patata y esperan brillar. No gracias. Si quieres que te tomen en serio, mira este vídeo. Sencillo, corto y directo. Duro como un café sin azúcar. Justo lo que engancha.

¿Lo has visto? Ahí tienes la prueba de que lo directo, lo cercano y lo auténtico funciona. No hace falta tener un estudio de grabación ni una cara divina. Hace falta tener algo que contar y contarlo con ganas.

Así que, deja de preocuparte por el algoritmo y empieza a preocuparte por tu historia. Si eso lo haces bien, hasta el algoritmo se quitará el sombrero.

Y si quieres indagar más sobre cómo funciona todo este tinglado social sin quedarte en las migajas, echa un ojo a la plataforma oficial para negocios. Hay más información útil ahí de la que parece.

¿Tienes un negocio local? Pues escucha esto

Si tienes un comercio de barrio, una tienda, un bar o das algún servicio desde tu ciudad o pueblo, olvídate de competir con las grandes marcas. Tú tienes algo que ellos no tienen: cercanía. Puedes mirar a los ojos a la gente, puedes entregar en mano, puedes ponerte frente a una cámara en tu tienda enseñando quién eres y por qué haces lo que haces. Eso, hacerlo bien, vende más que cualquier filtro de influencer.

Así que si estás en ese punto de estancamiento, o estás empezando y no sabes por dónde tirar, deja de complicarte. Coge tu móvil, cuenta quién eres, muestra cómo lo haces y por qué deberían elegirte a ti. Porque si no lo cuentas tú, nadie lo hará por ti.

¿Eres de los que se moja o de los que se esconde detrás de un perfil sin alma? Tú decides.

Y si necesitas que le demos caña juntos a tu presencia digital, que le saquemos jugo a lo que tienes pero no estás contando, escríbeme. Si estás cerca, mejor. Así nos tomamos un café, vemos cómo respira tu negocio y lo ponemos a rugir.

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