Ya está bien. Otro día más, intentando enviar algo, hacer una reserva o terminar de rellenar el dichoso formulario… y ¡zas! Aparece la temida frase: Error de petición (código: 400). Que si fuera una persona, te hablaba así como sin ganas, cruzada de brazos, con cara de «no-es-mi-problema». Pero como no lo es, te toca a ti descifrar este jeroglífico informático mientras te sube la sangre a la cabeza.
¿Qué demonios quiere decir esto?
Vale, respira. No eres tú… bueno, solo un poco. Este error http 400 suele aparecer cuando el servidor no entiende tu petición. Como si entrases a una tienda hablando en marciano. El servidor te mira raro, como diciendo: «¿Me estás hablando en klingon, o qué?».
Se produce, generalmente, por problemas con la URL, cookies corruptas, formularios mal enviados o, para qué engañarnos, simplemente porque tu navegador ha tenido un mal día. A veces, incluso, la **configuración del antivirus** se mete donde no le llaman.
Pero espera, no te vayas a tirar del balcón todavía. Hay solución. De hecho, te voy a contar varias formas para quitarte este error de encima y volver a navegar, reservar o enviar lo que sea sin que el ordenador te mire como si fueras inútil.
Deshaciendo el entuerto digital
Primero: revisa la URL. Sí, amigo, han muerto más conexiones por una barra mal puesta que por un ciberataque. A veces, sin querer, metemos espacios, copiamos de cualquier lado con caracteres raros o simplemente nos da un tembleque justo cuando pulsamos intro. Borrón y cuenta nueva: escribe la dirección directamente a mano, despacito y con buena letra.
Segundo truco: borra las cookies y la caché. Ya sé, ya sé, da pereza. Pero esas migas digitales que se van acumulando en tu navegador pueden acabar poniéndose rancias y generando errores. Aquí, Google tiene una guía rápida para limpiarlas en un plis: Cómo borrar cookies y caché.
Tercer paso: prueba con otro navegador. Si estás en Chrome, pasa a Firefox. Si eres de Safari, prueba con Edge. Así, como quien se cambia de acera. A veces es solo eso.
Y por último: desactiva temporalmente tu antivirus o firewall (sí, ese que crees que te protege de todo, pero a veces actúa como un portero borde que no deja pasar ni a los conocidos). Haz la prueba y mira si te sigue apareciendo el error. Si desaparece, ya tienes claro el culpable.
¿Y si todo falla?
Entonces, amigo mío, habrá que ir más arriba. El problema puede estar en el servidor del sitio web. Así que, si el portal es importante (como tu banco, Hacienda o ese ecommerce donde has dejado medio sueldo), contacta con ellos y diles que están teniendo problemas con un error HTTP 400. Quizá les estés haciendo un favor. O quizá piensen que eres medio hacker. Eso ya, que lo decidan ellos.
Y si quieres ver todo esto con ejemplos, con menos palabrería y más acción, echa un vistazo a este vídeo. No hace falta que salgas de aquí. Le das al play y listo:
Y ya que estás, si te ha pasado más de una vez o necesitas ayuda para que tu web no espante a tus clientes con mensajes tipo «yo no entiendo lo que me estás diciendo»… habla con nosotros. Estamos en tu ciudad, no somos robots y sabemos cómo hacer que tu página no se comporte como una suegra cabreada.
Contáctanos, cuéntanos lo que pasa y hacemos que tu web vuelva a portarse como una santa.
¿Arreglamos eso? Venga, que ya toca.
