Cambia las reglas del juego digital sin pedir permiso

Levanta la mano si alguna vez te has sentido como ese pez que nada en una pecera pensando que el océano es enorme. Pues eso es porque aún no le estás sacando todo el jugo a una de las herramientas más explosivas, rentables y directas que tienes en tus manos. Y no, no hace falta ni MBA ni curso de gurú estilo ‘vendehumos para emprendedores felices’. Solo hace falta tener algo que contar… y hacerlo como si te fuera la vida en ello.

Lo que muy pocos te cuentan mientras editas tus stories

Hay gente que se pasa más tiempo decidiendo el filtro que trabajando en tener algo decente que decir. Y claro, así van. Porque aquí no gana el más guapo, ni el que más posturea. Gana el que conecta. El que hace clic. El que lanza una frase con garra y, ZAS, te deja pensándole durante horas.

No hace falta ser influencer ni hacer el pino con una cabra para destacar en este jueguecito visual. Lo que necesitas es tener un discurso real, con sangre, que otros quieran ver una y otra vez. Porque aunque muchos crean que lo importante es el algoritmo, lo importante (de verdad) es la conexión. El resto es ruido.

Y no te digo que ignores el algoritmo, no. Lo que te digo es que lo domines bailando con él. Y para eso necesitas saber qué buscan tus seguidores cuando te siguen. ¿Quieren reír? ¿Quieren aprender algo? ¿Quieren conocerte más allá de la sonrisa forzada de tu selfie en el gimnasio?

Hacer visible lo invisible: la técnica sin truco

Cada vez que publicas algo estás mandando un mensaje, quieras o no. Así que hazlo bien. Porque en esto del escaparate digital, o atraes o espantas. No hay punto medio. Y si no estás dispuesto a mojarte, mejor ni te lances.

¿Te cuento un secreto? Los vídeos reales, los que no huelen a anuncio ni a postureo barato, son los que más lo petan. Porque mientras medio planeta está ocupado en ser perfecto, tú puedes destacar por ser auténtico. Por decir lo que otros callan. Por no disfrazarte para gustar. Por mostrar lo que otros tapan.

Y aquí va un ejemplo que lo deja claro sin andarse con rodeos. Dale al play, arriésgate a ver algo diferente y luego hablamos:

Este tipo de contenidos no se preparan con guion de anuncio. Se hacen con verdad. Y esa es la que más vende, aunque a muchos les escueza reconocerlo.

Desde aquí hasta tu negocio, sin pasar por casilla de salida

Si aún piensas que esto de hablarle a una cámara o subir vídeos de lo que haces es perder el tiempo, mejor mira por la ventana y reflexiona. Porque la gente compra con la vista, pero fideliza con el mensaje. Y si tu mensaje es potente, no hay algoritmo que te frene.

¿Quieres ver cómo lo están haciendo los grandes? Échale un ojo a la web oficial de Instagram donde encontrarás ejemplos reales de quienes la están liando sin necesidad de tener un millón de seguidores.

La diferencia entre estar y destacar es brutal. Puedes quedarte esperando a que tu contenido lo vea tu primo de Cuenca o puedes empezar a usar herramientas que convierten tu cuenta en una palanca para atraer clientes, marcar autoridad y, por qué no, vender más (que tampoco estamos aquí por amor al arte).

Ahora te toca a ti mover ficha. Y si estás por aquí cerca, si tienes una empresa o proyecto local y llevas meses dando vueltas sin rumbo claro, échame un grito. Nos tomamos un café, le damos forma a tu historia y la sacamos a la calle como se merece. Porque aquí jugamos para ganar.

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