Lo que nadie te cuenta sobre enganchar de verdad en redes

¿Estás hasta las narices de subir fotos perfectas con cero respuesta? Pues igual te interesa seguir leyendo. Porque no es que no gustes, no. Es que estás jugando al escondite con el algoritmo y con tu audiencia. Y así, colega, no hay quien venda ni una rosquilla.

La trastienda de las redes no es tan bonita como parece

Mucha pose, muchos filtros y muchas frases de Paulo Coelho que a nadie le importan. Si te empeñas en mostrar lo que ya muestran todos, acabarás en el montón del olvido. Así, sin paños calientes. La mayoría se pasa el día dándole vueltas a cómo meter más hashtags o cuándo es la mejor hora para publicar, pero siguen ignorando lo esencial: conectar.

¿Conectar con quién? Con el que te compra, no con tu primo ni con el colega del gimnasio que te da likes por compromiso. Hablo de esa persona que lee lo que escribes, se ríe con tus vídeos y piensa: “Esta tía tiene algo”. Ahí tienes oro puro.

Y para eso, más que un máster en redes, necesitas autenticidad, mensajes claros y contenido que remueva, aunque sea un poquito. Que no todo va de galletas y unicornios, oye.

Cuatro cosas que sí funcionan y nadie menciona (porque no venden cursos)

1. **Enséñate la tripa digitalmente hablando.** Nada de postureo absurdo. Tus errores, tus aciertos, los días de bajón y los de subidón. Imagina que estás tomando un café con tu posible cliente, ¿qué le contarías?

2. **Háblale de tú a tú.** Ni técnico, ni cursi. Como en el bar, como en una charla después de currar.

3. **Haz contenido que les haga pensar o reír**, pero que no les deje igual que antes de verte. Si pueden pasar la publicación sin pestañear, has perdido.

4. **No persigas al algoritmo.** Es como correr detrás de un autobús que no tiene parada. Crea contenido que tú mismo pararías a ver.

¿Y vídeos? Sí, pero no “vídeos cualquiera”. Que cuenten cosas, que muestren cosas, que emocionen o que piquen. Aquí te dejo un ejemplo real que lo clava sin enrollarse demasiado:

Este vídeo no se anda con rodeos. No es bonito por sonar bonito, es que funciona. Tienes el tono, el contenido, y encima engancha. Si te ves reflejado, vas bien. Si no, toca ajustar el tiro.

Tú no quieres seguidores. Quieres clientes

Y esta diferencia lo cambia todo. Porque mientras unos están bailando delante del móvil con mensajes vacíos para conseguir números, tú puedes estar generando confianza, conversación y ventas reales.

No necesitas cien mil personas ignorándote. Te bastan cien que te escuchen y te crean. Hazte esta pregunta: “¿Estoy compartiendo lo que mi cliente ideal necesita ver o leer para tomarme en serio?” Si la respuesta es un no, ya estás abriendo el Canva otra vez… pero con cabeza.

Ah, y por el camino, échale un vistazo a su centro de ayuda oficial, donde puedes aprender un par de cosillas técnicas que complementen tu estrategia sin fliparse.

Lo importante no es ser viral, es ser recordado. Pregúntate por qué recuerdas ciertas marcas aunque no te estén vendiendo nada. Seguro que tienen algo que decir con coherencia y carisma. Sin más florituras.

Piénsalo: ¿Vas a seguir subiendo contenido por cumplir o vas a empezar a contar algo que invite a quedarse?

Y oye, si estás por aquí, cerca, y quieres que tu cuenta empiece a moverse como debe, escríbeme. Ayudo a negocios locales que ya están hartos de probar fórmulas mágicas y solo quieren resultados sin tonterías. Nos tomamos un café y me cuentas qué necesitas. Aquí cerca, contigo y para ti.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio